Armando Frezze: un intelectual del Derecho, un gran amigo y un hombre de bien

La provincia despide a un destacado jurista y magistrado quien, desde su profesión pero también desde su compromiso, se comprometió con el desarrollo y la calidad de vida de los salteños. El Tribuno y Salta en un mundo en cambio pierden a un amigo entrañable.

Con el fallecimiento de Armando Frezze, nuestra provincia despide a un destacado jurista pero, sobre todo, a un hombre recto y comprometido con la comunidad.
Salta en un mundo en cambio pierde a uno de sus miembros fundadores y protagonista de innumerables eventos compartidos.
Armando José Frezze nació en la provincia de Buenos Aires y cursó sus estudios secundarios en el colegio de El Salvador, donde obtuvo calificaciones brillantes. Se graduó como abogado en la Universidad de Buenos Aires y, radicado en Salta, desarrolló una brillante carrera en la Magistratura. Fue defensor oficial, juez de instrucción, juez correccional, camarista, fiscal de Corte y, entre 1992 y 1998, miembro del máximo tribunal provincial.
Miembro del Consejo de la Magistratura, fue en su momento asesor de Enreja y de la Presidencia de la Auditoría de la Provincia de Salta.
Armando fue, además, un comunicador notable. Sus escritos, punzantes y valientes, honraron a El Tribuno. Además, fue consejero generoso ante innumerables consultas de los periodistas sobre temas de su especialidad.
Especialista en accidentes de tránsito y Derecho Penal, recibió por sus publicaciones el premio “Luchemos por la Vida” en los años 2001 y 2009. En dos oportunidades recibió el Primer Premio Nacional Adepa en la categoría “Periodismo Jurídico” (años 2000 y 2013). Fue docente en la UBA y en la Universidad Católica de Salta.
Tal como lo demostraba en sus escritos periodísticos, su erudición jurídica y su sólida cultura general le permitían analizar con equilibrio los diversos problemas que se planteaban en el devenir -bastante ajetreado- del mundo del derecho, las leyes y los magistrados de Salta.
Para quienes lo conocimos, nunca dejó de resultar sorprendente la picardía que deslizaba en muchas de sus reflexiones y que parecían contrastar con su estilo formal y relativamente solemne. Pero esa picardía en ningún momento suponía una concesión al derecho y a la ley. Solo que, por su formación humanista, sostenía que las leyes son decisiones de los seres humanos para ofrecer un marco imprescindible para asegurar la calidad de las vidas humanas. Es que, además de muchas horas de estudio, Armando poseía una notable mirada política.
Fue un intelectual del Derecho. Por eso nunca se dejó fascinar por modas efímeras como las de “mano dura” o el “abolicionismo”, ni por vicios del sistema como el legalismo rígido. El fogueo tribunalicio, en todos los estamentos del poder, le había permitido desarrollar notables reflejos al momento de evaluar y manejar situaciones y conflictos.
Esos reflejos lo llevaron a convertir los artículos que escribía para El Tribuno en verdaderas piezas de Derecho práctico adecuadas al más cotidiano lenguaje del periodismo.
Sus estudios sobre los accidentes de tránsito lo convirtieron en un especialista en esta epidemia del mundo moderno y no solo le acreditaron varios premios nacionales, sino que a ellos dedicó dos de sus libros.
Otras dos publicaciones, El puñal salteño y la Enciclopedia de cuchillería describen la versatilidad de sus inquietudes. Hombre no violento, por definición y por conducta, supo ver en esa artesanía la expresión cultural de su gente.
Este intelectual del derecho y de la política cultivó también un costado social que sus amigos valoraron y agradecieron. Aficionado a la aviación, era piloto amateur y practicó esa destreza en los cielos de Salta. Además, no desdeñaba inolvidables campamentos en los que se ocupaba de asegurar el orden y el descanso, que sus habituales compañeros no garantizaban.
Desde el momento en que los columnistas de El Tribuno comenzaron a reunirse en Salta en un mundo en cambio, fue un protagonista dinámico y aportó no solo sus conocimientos sino su sabiduría.
Asumió plenamente el compromiso con nuestra provincia, porque estaba absolutamente convencidos de que Salta tienen amplias posibilidades de desarrollo; también, que para alcanzar las metas que se proponga necesita brindar solidez institucional, seguridad jurídica y objetivos políticos consensuados entre los partidos.
Compartía la idea básica de que solo con educación y generación de empleo Salta podrá garantizar la calidad de vida de todos sus habitantes, la misma preocupación que había inspirado su carrera jurídica.
Con la de Céltico Rodríguez, hace pocas semanas, otra pérdida irreparable para el grupo.
Una enfermedad a la que venía enfrentando con fortaleza de espíritu y un irreductible sentido del humor, terminó venciéndolo. Su familia y sus amigos fuimos testigos del fuego sagrado de la política, del derecho y del periodismo, que lo iluminó hasta el último momento.
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EL Tribuno Salta


 

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