el-hallazgo-del-avion-desaparecido-2516919w640

Expertos en accidentes de aviación advierten que el proceso de investigación es largo y complejo

No menos de seis meses de exhaustivos estudios se necesitarán para determinar las razones por las cuales el avión Mitsubishi LV-MCV terminó en un cráter pantanoso en el delta entrerriano, pocos minutos después de haber despegado del aeropuerto de San Fernando el 24 del mes pasado.

Es que a la dificultosa y minuciosa tarea de recuperar la mayor cantidad de partes de la nave siniestrada le sucederán varios pasos técnicos en la Argentina y en el exterior.

Así como los forenses pueden determinar las razones de la muerte de un ser humano porque la autopsia “habla”, el estudio de las partes de un avión también “habla” sobre qué le sucedió.

¿Por qué no se activó la baliza que está en la cola del avión y que emite una alarma cuando la trompa de la nave choca contra algo? ¿Cayó la máquina porque se le plantaron los motores? ¿Intentó el piloto un aterrizaje de emergencia y no pudo controlar los comandos? Estos y muchos otros interrogantes serán respondidos por los expertos de la Junta de Investigación de Accidentes de Aviación Civil (Jiacc), que desde anteayer por la mañana trabajan en el cráter pantanoso en la confluencia de los ríos Paraná Guazú y Barca Grande.

Al área del accidente sólo se puede acceder por agua, porque la vegetación y la topografía pantanosa no permiten el aterrizaje de naves. De hecho, la zona es compleja incluso para el desplazamiento de los especialistas en recolectar las piezas y tomar las muestras de los restos humanos para confirmar sus identidades.

El avión Mitsubishi LV-MCV que desapareció en pleno vuelo el pasado 24 de julio
El avión Mitsubishi LV-MCV que desapareció en pleno vuelo el pasado 24 de julio. Foto: Twitter

En el aeropuerto desde donde partió el 24 de julio el avión piloteado por Matías Ronzano, acompañado por Emanuel Vega, que transportaba a Matías Aristi, único pasajero e hijo del dueño de la nave, se empezará a rearmar otra vez el Mitsubishi LV-MCV.

Expertos en peritajes aeronáuticos contaron a LA NACION que muchas de las piezas del avión contribuirán a dilucidar los misterios que todavía rodean la tragedia. “El estado de las hélices será crucial para saber si el avión cayó en picada o si intentó un aterrizaje de emergencia”, señalaron las fuentes consultadas.

“Si las palas de las hélices están torcidas, entonces la nave se habrá quedado sin potencia. En cambio, si están clavadas en el suelo, es que el avión entró a la tierra con toda su potencia”, añadió una de las fuentes. Y señaló que una de las dudas que flotan en estas horas es por qué no se activó “la baliza que está en la cola y que tendría que haber emitido señales apenas el aparato golpeó contra el suelo, porque justamente se pone en funcionamiento y durante un tiempo suficiente como para que se alerte del siniestro”.

“El perímetro del cráter es bastante pequeño y la vegetación circundante prácticamente está intacta. No hubo ni explosión ni fuego en el lugar. Tampoco pareciera que se intentó bajar el avión de panza, porque los arbustos circundantes registran muy pocos daños. Prácticamente la nave se clavó en el suelo de trompa como si cayera en picada”, se animó a aventurar el experto que en sus muchos años de trabajo ha realizado decenas de peritajes de siniestros aeronáuticos en distintos lugares del país.

Una vez que la Jiaac haya “armado” el rompecabezas de piezas en que quedó convertido el Mitsubishi LV-MCV, los motores o lo que haya quedado de ellos se envían al fabricante para hacer “una corrida” informática que permita saber cuáles fueron las fallas y también se envían informes a expertos de Estados Unidos o del Reino Unido para cotejar. “En síntesis, todo el proceso para determinar qué ocurrió tardará seis meses como mínimo” y puede extenderse.

Para tener una dimensión del tiempo que se tardará hasta tener el informe oficial de las razones de la tragedia, quizás alcance con saber que el cráter está a apenas unos 30 metros de la orilla del río, pero que se tardó más de 30 minutos en caminar hasta él porque el terreno es muy fangoso y está lleno de maleza. Anteayer, prácticamente se dedicó la jornada a desagotar el cráter con bombas de achique, porque aunque había bajado la marea, la zona estaba cubierta de agua. Y, por cómo quedó incrustada la nave en el terreno cenagoso, la recuperación de sus partes y de los restos humanos se realiza con mucha paciencia, como si se tratara de una reliquia arqueológica. No se puede usar maquinaria pesada, porque no lo resiste el terreno.

 

La Justicia convocó al Equipo Argentino de Antropología Forense para analizar los ADN.

Los restos recuperados fueron trasladados al Departamento de Medicina Forense de San Isidro, donde serán analizados. La presidenta de la Junta de Investigaciones de Accidentes de Aviación Civil, Ana Pamela Suárez, explicó que todos los esfuerzos están concentrados en facilitar el trabajo de los forenses.

“Priorizamos la recuperación de las tres personas que se verificó que viajaban en el avión. Las familias pudieron controlar y formar parte de todo el proceso”, manifestó la jueza. Y señaló que convocó a un tanatólogo para analizar los restos humanos que se encontraron. Además, detalló que el Equipo Argentino de Antropología Forense colaborará en la identificación.

Por su parte, la presidenta de la Junta de Accidentes aclaró que el avión se sacará del lugar donde lo encontraron después de que los peritos terminen su trabajo, a pesar de que algunos restos ya fueron derivados a la Prefectura. Antes, había indicado que los procedimientos que se llevan adelante mantienen especial cuidado respecto de la manipulación de las partes de la aeronave y había evitado confirmar el hallazgo de los cuerpos de Matías Ronzano, de 30 años; Emanuel Vega, de 25, y Matías Aristi, de 37.

Esa tarde, los operadores le reportaron al piloto sobre un problema en el radar y le pidieron que vuelva para hacer un control, pero la transmisión se cortó. La aeronave era de la empresa de servicios agropecuarios Aibal S.A. e iba a la localidad de Las Lomitas, en Formosa. El sábado la encontraron en un pantano que limita con el río Paraná Guazú, después de 26 días de que no se supiera nada de sus rastros.