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El efectivo se vuelve obsoleto en una China revolucionada por los teléfonos

La sociedad de ese país se encamina a ser la primera en la que todos los pagos de la vida cotidiana se hacen con smartphones.

En China se está produciendo un audaz fenómeno económico.

No tiene nada que ver con la deuda, ni con el gasto en infraestructura, ni con ningún otro de los grandes temas económicos del momento. Tiene que ver con el dinero en efectivo: de manera vertiginosa y sistemática, China está dejando de usar billetes y monedas.

Casi todos los habitantes de las grandes ciudades chinas pagan prácticamente todo con su teléfono celular. En los restaurantes, el camarero pregunta si uno quiere usar WeChat o Alipay -las dos opciones de pago por celular-, antes de mencionar el dinero en efectivo como tercera y muy remota posibilidad.

No menos sorprendente es la velocidad de esta transición: hace apenas tres años, el mozo ni habría preguntado, porque todo el mundo usaba efectivo.

“Desde el punto de vista tecnológico, tal vez ésta sea la innovación más importante que haya ocurrido primero en China, y por el momento sólo en China”, dice Richard Lim, director ejecutivo de la empresa de capitales emprendedores GSR Ventures.

Pero un viraje cultural de tamaña escala es sólo perceptible en carne propia: en los bares y restaurantes, la mayoría paga utilizando las aplicaciones del celular; lo mismo cuando se pide delivery. Para desplazarse en las infinitas bicicletas de uso compartido que hacen furor en China es necesario el teléfono para desbloquear el acceso. Hasta los músicos callejeros colocan un cartel con su código QR para que los transeúntes simplemente les transfieran el dinero.

“Ya se ha convertido en la norma de la vida cotidiana -dice Shiv Putcha, analista de la firma de investigaciones IDC-. Literalmente, todos los negocios y marcas de China están conectados a ese ecosistema.”

Algunos países escandinavos también han ido desechando el efectivo, pero usan frecuentemente las tarjetas de crédito. En China, ese cambio se dio hacia los celulares. Una amiga no advirtió hasta qué punto dependía de los pagos móviles hasta recibir una llamada de su banco: había dejado olvidada su tarjeta de débito en un cajero automático tres semanas antes y nunca había notado que le faltaba.

En términos prácticos, eso implica que Tencent y Ant Financial, la rama financiera de Alibaba, las dos empresas de Internet chinas que manejan respectivamente WeChat y Alipay, están sentadas sobre una mina de oro de inimaginables proporciones. Ambas empresas pueden cobrar por cada transacción, cobrarles a otras empresas por usar su plataforma de pagos y al mismo tiempo recolectar la información de los pagos para usarla en infinidad de cosas, desde ofrecer nuevos sistemas de crédito hasta hacer publicidad.

Lim dice que, según los datos recientes, el año que viene Ant Financial y Tencent habrán superado a tarjetas de crédito como Visa y Mastercard en el total de transacciones globales por día. La clave está en que ambas empresas permiten hacer pagos chicos, en parte gracias a que los pequeños comerciantes usan una simple impresión de un código QR o su propio celular, sin necesidad de un costoso lector de tarjetas. Otro elemento que ayuda a abaratar los costos es un sistema secundario que almacena la cuenta de los usuarios, en vez de tener que conectarse con el banco.

Si bien Tencent no revela cuánto gana con los pagos móviles, en el cuarto trimestre de 2016, el rubro “otros servicios” y sus ganancias casi se triplicaron respecto del año anterior, hasta alcanzar los 940 millones de dólares, un crecimiento mayormente impulsado por los pagos con celular.

China tal vez enfrenta algunos problemas futuros derivados de la adopción de los pagos online. Como la totalidad de la economía de consumo de China depende de dos plataformas de pagos móviles privadas, de a poco está dejando afuera a quienes no pueden acceder a esas redes y al mismo tiempo se está encadenando a esas empresas.

En el plano de lo más elemental, eso entraña problemas para las empresas extranjeras y locales por igual. Las empresas extranjeras que quieran venderles a los consumidores chinos ahora deben llegar a un acuerdo con Alibaba y Tecent o corren el riesgo de no poder recibir los pagos. De igual forma, las empresas chinas que dependen de Alibaba y Tecent, tienen que construir estructuras paralelas para comerciar con ese mundo en el que siguen reinando Facebook, Google y las tarjetas de crédito.

Un caso similar

Lo que está ocurriendo en China tiene un corolario. En Japón, a principios de la década de 2000, uno podía pagar cualquier cosa desde su celular plegable. Pero colmo esos teléfonos eran tan avanzados, Japón demoró en adoptar los smartphones, y en menos de 15 años pasó de ser un gigante de la vanguardia tecnológica a ser un rezagado.

En Japón esos teléfonos plegables se siguen usando y suelen llamarlos “Galápagos”, porque evolucionaron perfectamente en un ambiente aislado.

Conscientes sin duda de todo esto, Alibaba y Tecent ahora buscan expandirse fuera de China, para asegurarse de que su más reciente innovación no corra la suerte de los dinosaurios. Y ya asoman los competidores…

“La pregunta del millón es la siguiente: ¿las empresas de Occidente decidirán inventar un sistema similar y salir a competir? -señala Lim-. La respuesta es que probablemente sí.”

Hasta entonces, los recién llegados a China, como yo que me mude a Shanghai hace poco, tendrán que lidiar con la infraestructura de pagos locales.

A principios de este mes, sin embargo, tuve la suerte de tener efectivo encima. Necesitaba llevar a mi nuevo departamento un montón de cosas compradas en Ikea, y el taxista miraba con desconfianza la enorme colchoneta enrollada que pensaba meter en el baúl de su auto.

“No creo que pueda llevarlo -me dijo-. Sólo acepto efectivo.”

“¡Es lo único que tengo!”, le dije, y no tuvo más remedio que llevarme a casa.-+-

Censuran a Winnie The Pooh

Algunas referencias a Winnie the Pooh empezaron a ser bloqueadas en las redes sociales de China, donde la imagen del emblemático osito se ha usado a veces en memes por su supuesto parecido con el presidente Xi Jinping.

Ayer todavía era posible publicar la imagen del oso en la red social Weibo, equivalente chino de Twitter, así como los caracteres “Weini xiao xiong” (“El osito Winnie” en chino). Pero cualquier comentario sobre el personaje quedaba bloqueado con un mensaje que decía que “este contenido es ilegal”. El servicio de mensajería WeChat, muy utilizado en China, suprimió la imagen del oso de su galería de imágenes, aunque los usuarios todavía podían difundir sus propias imágenes animadas del célebre personaje. “Pobre pequeño Winnie. ¿Qué mal ha hecho este adorable osezno amante de la miel?”, se preguntaba un usuario en Weibo.

A medida que se acerca el congreso quinquenal de otoño del Partido Comunista, los censores de Pekín han aumentado la vigilancia para proteger la imagen del jefe del Estado.