El flagelo del terrorismo sobre ruedas en Europa

Dos ataques con diferentes objetivos y saldos, pero con similares métodos sacudieron Londres y París en un mismo día. Debido a la dificultad de control, los vehículos son el medio escogido por los agresores.

Reino Unido fue atacado otra vez. Londres de nuevo. Como ya ha sucedido en lugares emblemáticos de ese país y de toda Europa también, fue un coche lo que se utilizó para matar, y ya se trata de una constante.

Esta vez, el signo del extremismo fue diferente. Un hombre quiso embestir a personas en las afueras de una mezquita al grito de “quiero matar musulmanes”, según los medios locales.

El hecho sucedió exactamente en Finsbury Park, una zona del oeste londinense. El agresor, a bordo de una furgoneta, invadió la acera de la calle Seven Sisters, cerca de templo mahometano de la mencionada región y arrolló a un grupo de religiosos que regresaban del rezo de medianoche del Ramadán (noveno mes del calendario islámico, período sagrado para los fieles).

Como consecuencia, nueve personas resultaron heridas, ocho de las cuales fueron hospitalizadas. También murió un hombre, aunque ya estaba recibiendo atención médica cuando se produjo el incidente, por lo que no estaba claro si falleció debido al atropello, cuestión que Scotland Yard está investigando.Los vehículos fueron utilizados en varias ocasiones durante los últimos tiempos para perpetrar ataques contra la población civil, como fue este caso. No es casual que los agresores y los terroristas escojan este tipo de medios, debido a que los automóviles, camiones o camionetas suelen pasar inadvertidos y son fáciles de conseguir.

Londres ya vivió esta modalidad de atentado este año. En marzo, un hombre atropelló a cuatro transeúntes en el puente de Westminster y acuchilló a un policía desarmado frente al Parlamento antes de ser abatido por otros agentes. También, a principios de junio, tres atacantes atropellaron a tres personas en el Puente de Londres y luego atacaron con cuchillos a otras cinco en el Mercado de Borough. Los tres terroristas fueron abatidos por la Policía. La milicia terrorista Estado Islámico (EI) se adjudicó ambos ataques.

Más casos

En abril de este año, un camión ingresó a una calle peatonal en el centro de Estocolmo (Suecia) embistió a una multitud y se estrelló contra un centro comercial. Cinco personas murieron. La Policía detuvo a un uzbeko por el ataque.

Berlín fue sede de un hecho en diciembre de 2016. Doce personas murieron en un ataque contra un mercado navideño, después de que un seguidor del Estado Islámico atropelló a la multitud con un camión. Pocos días después, la Policía mató al tunecino de 24 años en un control, cerca de la ciudad italiana de Milán.

En la fiesta nacional francesa, el 14 de julio, un camión atropelló a una muchedumbre que participaba en los festejos en la ciudad de Niza. El atacante islamista mató a 86 personas y dejó más de 200 heridos. El Estado Islámico también reivindicó el atentado.

Imán evitó el linchamiento

En la misma noche del lunes, apenas el hecho había sido consumado, el imán Mohammed Mahmoud, de la mezquita de Finsbury Park, evitó que una multitud enfurecida agrediera al atacante.

Darren Osborne, de 47 años, fue reducido en el suelo por un grupo de viandantes antes de ser entregado a la policía. Mientras tanto, cuentan los medios londinenses que decía en el suelo a la espera de ser entregado: “Ya he hecho lo que tenía que hacer”. Según los testigos, fue el líder religioso quien se cercioró de que algunos de los presentes no lo golpearan.

Política británica

A 12 horas del ataque y en una intervención a las puertas de Downing Street, la primera ministra, Theresa May, defendió que la policía acudiera al lugar un minuto después de ser alertada y que declarara el incidente como acto terrorista contra la comunidad musulmana a los ocho minutos.

Tales palabras de May sobre la rapidez con que el Estado aceptó que el hecho fueron contra la comunidad musulmana y tienen una implicancia política clara: sobrevuela en los estratos más tradicionales de la sociedad británica un prejuicio contra el islamismo, que generaliza a las personas de este credo como violentas o terroristas. Por eso, este mensaje oficial puede leerse como un intento por calmar los crispados ánimos sociales.

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