El Milagro y una promesa que el Papa Francisco hizo hace casi cuatro décadas

Milagroparaelmundo/ Ernesto Giobando, obispo auxiliar de Buenos Aires, contó la anécdota que despertó la devoción de Bergoglio por el Señor y la Virgen.

Una anécdota que vincula al papa Francisco con Salta y las imágenes del Milagro concentró la atención en la misa estacional que se celebró ayer en la Catedral Basílica.
Ernesto Giobando, obispo auxiliar de Buenos Aires, recordó la promesa que hizo junto al entonces novicio Jorge Bergoglio a los patronos tutelares de Salta.
“Es un consuelo estar aquí en la Catedral de Salta”, fue una de las primeras frases que emitió Giobando al encabezar los oficios religiosos en el Día de la Exaltación de la Cruz.
El arzobispo de Salta, Mario Cargnello, adelantó en el templo la experiencia que más tarde compartiría Giobando sobre Francisco.
“Hace 38 años vinimos un grupo de novicios, en ese entonces, con el provincial Jorge Bergoglio. Nos recibió monseñor (Carlos Mariano) Pérez e hicimos una promesa. Si al año siguiente éramos 40 novicios, Bergoglio se comprometía a abrir una casa en Salta para los jesuitas. Y esa fue la parroquia de San José Obrero, donde están enterrados nuestros queridos padres (José) Laly y Juan (Schak)”, recordó entusiasmado el obispo auxiliar de Buenos Aires.
“Esa promesa se cumplió y nos hizo querer estas dos sagradas imágenes entrañablemente. Lo tenemos presente al papa Francisco que tanto ama esta ciudad y al Señor y a la Virgen”, agregó Giobando.
El sacerdote también narró enseñanzas de monseñor Pérez. “Cuando vinimos hace 38 años, nos dijo: ‘Hay dos cintas que se deben atar al corazón de un cristiano: el amor a Jesús y el amor de María’”.
Giobando relató que tras su ordenación, en la primera homilía, compartió el mensaje de monseñor Pérez. “He tratado de mantener esas cintas. Quisiera pedirle esa gracia. Que nos ayude a atar nuestro corazón. No puede haber un amor a Jesús si no está unido a su madre”, remarcó.
El jesuita se desempeña como obispo auxiliar de Buenos Aires por una determinación de su excompañero, el actual papa Francisco, quien lo nombró en marzo de 2014.
En su afán de recordar los vínculos de Salta con la vida de los personajes trascendentes para la Iglesia Católica, Giobando describió que por estos lares también estuvo Mama Antula. “Entre medio de todos nosotros está el espíritu de una santiagueña que anda dando vueltas, el de la beata María Antonia de Paz y Figueroa. Ella visitó Salta cuando era una peregrina de los ejercicios espirituales, hace más de 200 años”. dijo. El jesuita sugirió que sea incorporada la imagen de la Mama Antula a la Catedral Basílica de Salta. “Ojalá puedan colocarla en algún momento y le tengan devoción a esta misionera que predicó con ejemplo”, destacó.
En la misa estacional también estuvo Ángel Francisco Caraballo, obispo emérito de Maracaibo, Venezuela, y de la localidad bonaerense de 9 de Julio, Martín de Elizalde.
En las primeras filas se sentaron autoridades como el gobernador Juan Manuel Urtubey y el intendente Gustavo Sáenz.
Tras la celebración religiosa, Urtubey se refirió a la gran cantidad de fieles. “La fe es algo que moviliza no solo a los salteños, sino a todo el norte argentino”, expresó.
“El mundo tiene tiempo fotos y dinero para los que se sienten que son poderosos, triunfadores y se llevan todos los aplausos. El mundo sabe exaltar a ciertas figuras que van modelando la conciencia, no como un artesano, sino imponiendo ideas y maneras de sentir. Jesús es exaltado en la cruz por medio de la humillación. No es fácil vivir. La humillación nos hace humildes. En el lenguaje de la fe, somos exaltados y nos ayuda a comprender que desde esta humildad se nos abre el camino de la sanación”, comentó el jesuita en la homilía.


 

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