“El pim pim” de Los Nocheros abrió el debate y la polémica

El videoclip fue cuestionado por una experta, ya que no coincidiría con las características originales de la danza.

Anticipando lo que será su recital del próximo 27 de octubre en el estadio Luna Park, la última semana de setiembre Los Nocheros presentaron el videoclip “El pim pim”. Si bien se hizo una representación ambientada en el Chaco salteño, el ritmo y el atuendo difiere bastante de lo que en el norte se conoce como pim pim, como también son muy diferentes fisonómicamente quienes participan en el video con respecto a los originarios que suelen bailar esta danza, lo que despertó críticas y alguna polémica en el ámbito indígena del norte salteño.
Nadie duda sobre la visibilización que este consagrado grupo folclórico le dará a esta danza nativa; el videoclip hará que muchos se pregunten qué es, qué representa, quiénes y cuándo la bailan: “Baila el pim pim que mueve mi Tartagal, este es el ritmo nativo más popular”, dice el estribillo del nuevo single de Los Nocheros; sin embargo, los indígenas no se sienten del todo retratados en este trabajo del grupo.
Catalina Huenán es investigadora, directora de la escuela de la comunidad Tuyunty y originaria de la etnia Chané. Huenán consideró que “el pim pim es una música que de generación en generación acompañó a las comunidades en lo social, cultural y religioso donde el pueblo manifiesta agradecimiento, alegría después de la cosecha de los frutos. El lugar mas indicado es el patio (oka), un espacio de aprendizaje y júbilo; allí se reúnen las familias en forma circular y las mujeres originarias vestidas con su ropa típica ofrecen su mejor chicha de maíz”.
Huenán dijo: “Las culturas originarias aún siguen invisibilizadas porque nuestra sociedad deprecia lo que ignora”. Y no disimuló cierta molestia por lo que considera la utilización comercial “de algo que esta en el corazón de cada miembro de las comunidades como es esta danza”.
“En mi opinión lo que vi del video de Los Nocheros está fuera de la realidad, del contexto, porque no coincide ni en el ritmo ni en ese disfraz con plumas que en el pim pim no existen”, señaló.

Cómo es en realidad
El pim pim es una danza que con los años han ido adoptando las diferentes comunidades originarias que conviven en el norte de Salta, y lleva esa denominación por el sonido acompasado de las cajas que los aborígenes chiriguano-chané hacen sonar para el tiempo del arete, el tiempo de la renovación de la sangre. Se trata de la celebración agraria en honor a la tierra en la que los antiguos le agradecían su generosidad pero a la vez se aseguraban que el tiempo que se iniciaba fuera igual de próspero. Coincide en parte con la celebración criolla del carnaval. Y además de ser mucho más significativa, es también más extensa, porque se inicia casi a fines del año y se extiende hasta comenzado febrero.
En el tiempo del arete florecen los árboles del monte y se inicia la cosecha del maíz, el grano que por siglos constituyó la base alimentaria de los pueblos del América del Sur. Por eso el “convite”, el compartir entre todas las familias la sabrosa chicha era una de las principales ceremonias. Para ese tiempo ya están listas las máscaras de madera blanda (especialmente yuchán) con la que los hombres de la comunidad protegen sus rostros para darle la oportunidad a quienes ya no están en este mundo de integrarse a los bailarines.
En realidad fueron los criollos quienes pusieron el nombre de pim pim a la danza, llevándose por el sonido acompasado que produce un tamborcito que se hace vibrar con una cuerda y un parche y al ritmo del cual hombres y mujeres danzan en círculos. Los músicos se ubican en medio de esa rueda porque, además del tambor, ejecutan otros instrumentos de viento fabricados por ellos mismos. La fiesta del arete concluye después de varias semanas; la última ceremonia será la lucha entre el tigre y el toro, que no es nada más que la lucha entre las culturas aborígenes y europeas por imponer su cosmovisión.

El atuendo
Son varios los tambores que integran un pim pim y las prendas que lucen las mujeres, los coloridos tipoy, son siempre nuevos, sin usos previos. A estos se suman los aros, cintas de colores y bastante maquillaje (años antes recurrían a las semillas de la planta del urucú) para realzar la belleza de las chicas que danzan descalzas, acompañadas por los hombres que llevan el rostro cubierto con las máscaras de yuchán que representan los animales propios de la región. Al finalizar el tiempo del arete era habitual que las máscaras fueran quemadas pero las necesidades actuales de las comunidades hacen que opten por venderlas.
El Corso Color que se realiza en Tartagal -también mencionado junto al Pilcomayo en las estrofas del tema de Los Nocheros- es el lugar donde pueden mostrar todo su potencial artístico y cultural y así lo hacen cada año en febrero.
En síntesis y aunque no estén festejando el carnaval propiamente dicho, la veneración a la tierra generosa es una de las ceremonias más auténticas del norte de Salta.

El Tribuno Espectáculos


 

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