El tren que va a Güemes tiene falencias de accesibilidad

En la estación no hay guías direccionales para personas no videntes. En los vagones se necesita un sistema efectivo para viajar seguro en silla de ruedas.

“Viajar en tren es de lo mejor”, si uno no usa silla de ruedas para movilizarse ni tiene discapacidad visual. Alumnos de la carrera de Diseño Industrial del Instituto Tecnológico de Innovaciones Productivas hicieron el trayecto en tren Salta-Güemes, ida y vuelta, junto a personas con movilidad reducida y llamaron la atención sobre las barreras que hay para garantizar el derecho a la accesibilidad.

Con el objetivo de hacer un aporte para mejorar el estado de las cosas, los jóvenes dialogaron con algunos trabajadores ferroviarios el viernes pasado y les explicaron la importancia de que el tren fuera accesible para todas las personas.

Desde la Secretaría de Discapacidad y Políticas Inclusivas de la Provincia acompañaron a los estudiantes.

Los trenes nuevos, que unen la ciudad de Salta con General Güemes, comenzaron a brindar el servicio hace poco más de un mes. Cada día, cientos de personas se trasladan en este medio para estudiar y trabajar. El boleto cuesta siete pesos, solo la ida, y el viaje dura alrededor de una hora y media.

Sobre las andanzas

Cuando llegaron a la estación, los chicos tuvieron problemas para que Gustavo Gonza, un hombre que iba en silla de ruedas, bajara del vehículo. En el estacionamiento no había un lugar destinado a personas con discapacidad con el espacio suficiente para acomodar la silla.

También encontraron que en la estación no hay guías direccionales ni señales táctiles de alerta para personas no videntes.

Para ingresar al tren, como la puerta no está en el mismo nivel del andén, debieron subir por una rampa que tiene una pendiente muy elevada. Por eso, Iván Martearena, de 21 años, que ayudaba a Gustavo con la silla de ruedas, tuvo que hacer mucha fuerza para llegar hasta el vagón.

Una vez adentro, no encontraron un lugar destinado para personas con discapacidad. Se dispusieron a inmovilizar la silla de ruedas con un sistema diseñado para esto, que, aseguraron, no es el óptimo.

Los estudiantes consideraron que, si bien el mecanismo sirve para inmovilizar la silla de ruedas, no es el más efectivo.

Los operarios del tren, una vez que el viaje había iniciado, se acercaron a ofrecer su ayuda y lograron sujetar bien la silla. No ocultaron su sorpresa ya que era la primera vez que veían subir una persona con movilidad reducida a este tren.

Los jóvenes observaron que la ubicación de la escalera de emergencia -a la derecha de donde está la silla de ruedas- limita el paso a la persona que se sienta al lado. Además advirtieron que, si hay una situación de peligro, la única forma de que salgan todas las personas es usando esa escalera. Para las personas con movilidad reducida, no parece haber una alternativa.

Sin información auditiva

Joaquín, que tiene discapacidad visual desde que nació, lamentó que durante el largo trayecto nadie explicara en voz alta nada sobre el recorrido ni le informara sobre las estaciones en las que frenaba el tren. Si bien dentro del vagón hay una pantalla con información, esta no tiene audio para las personas que tienen discapacidad visual o que no pueden leer.

Como estaba bien acompañado y con buenas conversaciones, Joaquín no percibió la monotonía del viaje. Quizás deseaba que una linda melodía reemplazara el paisaje con ceibos florecidos y campos pelados, destinados a la producción. Mientras tanto, el calor del mediodía se hacía sentir, ya que el aire acondicionado no llegaba a la zona cercana a las puertas.

Era sorprendente que en el tren todos viajaran sentados, ya que por las mañanas ese mismo vagón parece lata de sardinas. Como los pasajeros que van y vuelven todos los días ya se conocen, no tienen problemas de acomodarse en el suelo y estirar un poco el sueño hasta que el tren llegue a Salta.

Un detalle molesto para algunos es que los asientos no tienen apoyabrazos y el tren no cuenta con un baño para los usuarios.

Una mujer, que hace el mismo recorrido tres veces por semana, recordó que el tren viejo, que estuvo en uso hasta principios del mes pasado, tenía baño y un espacio más cómodo para las sillas de ruedas.

Valoró que el boleto fuera accesible (siete pesos) ya que el viaje en colectivo cuesta 10 veces más y en auto es más peligroso.

La llegada a Güemes

Una vez que llegaron a destino, los estudiantes descubrieron que el problema volvió a ser la rampa, que tenía una distancia de unos seis centímetros con respecto al vagón, lo que podría ser un riesgo para una persona con movilidad reducida porque un bastón o alguna rueda podría trabarse allí.

La pendiente empinada, ahora para bajar, impedía que Gustavo se moviera con autonomía. Ahora necesitaba que Iván lo bajara de espaldas, también haciendo fuerza.

Tras una hora y media de viaje sin baño disponible, los jóvenes encontraron que el de la estación de Güemes no era accesible. Si bien el espacio adentro era grande, la silla de ruedas no podía ingresar porque la puerta era angosta y había un escalón. Lo mismo ocurrió, al volver, en la estación de Salta.

Falta de indicaciones y diseño

Estudiantes apuntaron a los problemas que impiden un transporte inclusivo.

Los alumnos de la carrera de Diseño Industrial del Instituto Tecnológico de Innovaciones Productivas llamaron la atención sobre las barreras que hacen difícil que una persona con movilidad reducida o discapacidad visual acceda al servicio del tren que une Salta con Güemes.

Ulises Casabella Martínez, de 21 años, dijo que “una persona con silla de ruedas o una que no ve difícilmente puede subir a un tren en Salta”. También se refirió a las fallas que descubrieron durante el trayecto de Salta a General Güemes, como la falta de funcionalidad de la rampa.

Gisela Vargas, de 20 años, aseguró: “Cuando subimos al tren la situación se tornó incómoda porque no sabíamos dónde acomodar a Gustavo en su silla de ruedas. Fue un tumulto, todo el mundo miraba. No había ninguna indicación ni cartel”.

“Después aparecieron los trabajadores, que se quejaban. Desde atrás, la gente largaba algunos comentarios. Para mí el principal problema fue la falta de diseño industrial en las máquinas para evitar estas situaciones. Todos tendríamos que sentirnos cómodos utilizando un medio de transporte o un espacio público”, agregó Gisela.

Para Iván Martearena, de 21 años, “alguien solo en su silla de ruedas no puede subir la rampa”. Acotó que los encargados no sabían bien cómo funcionaba el sistema para acomodar de una manera segura una silla de ruedas en el vagón.

“Se pusieron nerviosos y se sintieron atacados. Esa no era la intención. La idea es que se adapten y esto no se repita”, señaló.

Pablo Ballerini, de 22 años, comentó: “Vi la ausencia del sistema Braille, la falta de avisos de voz y de comunicación para la gente que tiene una discapacidad visual. Si bien los asientos son bastante cómodos, creo que una persona con obesidad se sentiría incómoda porque están muy juntos y son muy estrechos”.

Gustavo Gonza, de 42 años, viajó de Salta a Güemes con los chicos en su silla de ruedas y consideró que se necesita recurrir a la tecnología y la capacitación para adaptar el sistema de transporte.
“La idea de las obras es lograr autonomía para las personas con capacidades reducidas. Esto suele generar demora de tiempo. Es un conjunto de cosas negativas que tienen solución”, dijo.

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