En otro llamado a la paz, Francisco elogió el acuerdo nuclear con Irán

En su tercera Pascua, el Papa pidió que la negociación entre las potencias y Teherán sea “el primer paso hacia un mundo más seguro y fraterno”; rezó también por todos los puntos calientes del planeta.

ROMA.- En el tradicional mensaje pascual urbi et orbi, a la ciudad y al mundo, el Papa elogió ayer el reciente acuerdo
que las potencias firmaron con Irán para limitar el programa nuclear del régimen islámico. “Encomendemos con esperanza al Señor misericordioso el acuerdo alcanzado en estos días en Lausana, para que sea un paso definitivo hacia un mundo más
seguro y fraterno”, dijo Francisco, que habló desde el balcón central de la Basílica de San Pedro.

El ex arzobispo de Buenos Aires aludió así al acuerdo preliminar firmado el jueves pasado por Estados Unidos,
Rusia, China, Gran Bretaña, Francia, Alemania e Irán, que limita de manera significativa el programa nuclear iraní
durante los próximos 25 años para evitar que construya armas atómicas, con supervisión internacional. A cambio, se prevé
que se levanten las sanciones que azotan al régimen y afectan los bolsillos de millones de iraníes (ver Pág. 3).

En su tercer mensaje pascual “a la ciudad y al mundo”, que leyó después de la misa de la Resurrección en la Plaza San
Pedro ante una multitud, pese a la lluvia, Francisco también hizo una fuerte llamado a la paz en el mundo y un repaso de
los puntos calientes del planeta.

“Imploremos al Señor resucitado la gracia de no ceder al orgullo que fomenta la violencia y las guerras, sino que
tengamos el valor humilde del perdón y de la paz”, clamó.

Como había hecho durante el vía crucis del Viernes Santo, en primer lugar pidió por los cristianos perseguidos, víctimas
de la violencia extremista en diversos países, así como “por todos los que padecen injustamente las consecuencias de los
conflictos y las violencias que se están produciendo”.

Llamó luego al cese del fragor de las armas en Siria e Irak, y lanzó un reto a la comunidad internacional “para que no
permanezca inerte ante la inmensa tragedia humanitaria dentro de estos países y el drama de tantos refugiados”.

Pidió paz para Tierra Santa y “que crezca entre israelíes y palestinos la cultura del encuentro y se reanude el proceso
de paz, para poner fin a años de sufrimientos y divisiones”.

Lo mismo hizo por Libia, “para que se acabe con el absurdo derramamiento de sangre por el que está pasando, así como
toda bárbara violencia, y para que cuantos se preocupan por el destino del país se esfuercen en favorecer la
reconciliación y edificar una sociedad fraterna que respete la dignidad de la persona”.

“Y esperemos que también en Yemen prevalezca una voluntad común de pacificación, por el bien de toda la población”,
agregó.

Luego de elogiar el acuerdo alcanzado entre Irán y la comunidad internacional, también pidió paz para Nigeria,
Sudán del Sur y diversas regiones de Sudán y la República Democrática del Congo. Y volvió a mencionar especialmente a
las personas que allí perdieron la vida, los jóvenes asesinados el jueves pasado en la Universidad de Garissa, en
Kenya, los que han sido secuestrados, los que han tenido que abandonar sus hogares y sus seres queridos.

Luego de recordar a la “amada Ucrania” y auspiciar que reencuentre la paz y la esperanza gracias al compromiso de
todas las partes interesadas, Francisco fustigó otros males terribles de nuestro tiempo: la esclavitud, el tráfico de
drogas y el tráfico de armas.

De hecho, pidió “paz y libertad” para “tantos hombres y mujeres sometidos a nuevas y antiguas formas de esclavitud
por parte de personas y organizaciones criminales”. Y agregó: “Paz y libertad para las víctimas de los traficantes
de drogas, muchas veces aliados con los poderes que deberían defender la paz y la armonía en la familia humana. E
imploremos la paz para este mundo sometido a los traficantes de armas”.

Finalmente, mencionó a los marginados, los presos, los pobres y los emigrantes, “tan a menudo rechazados,
maltratados y desechados”; a los enfermos y los que sufren; a los niños, “especialmente aquellos sometidos a la
violencia”; a cuantos hoy están de luto, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que a todos les
llegue la voz consoladora de Jesús resucitado. Luego de impartir la bendición, el Papa, que antes recorrió en
papamóvil la Plaza para saludar a los fieles, entre los cuales había muchos argentinos, auguró a todo el mundo una
feliz Pascua.

“Gracias por su presencia en una jornada linda, pero también fea por la lluvia”, agradeció, consciente de que durante la
misa, la Plaza San Pedro se convirtió en una colorida alfombra de paraguas y ponchos de plástico. Entre vivas y
gritos de “¡Francesco!”, se despidió con el clásico: “¡Buen almuerzo, no se olviden de rezar por mí y arrivederci!”.

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