Interna escandalosa sacude futuro de la CGT

Daer versus Facundo Moyano fue el puntapié inicial de las disputas. Pases de factura y acusaciones cruzadas fueron el eje de la reunión más agria desde que se fusionó la central obrera, en agosto pasado.

“Un escándalo”. “La discusión más fuerte en años”. “La peor reunión desde que se unificó la CGT”. Así, cada uno a su manera, los dirigentes resumían anoche el debate en el Consejo Directivo de la central obrera que incluyó acusaciones cruzadas y la retirada anticipada de referentes del transporte, lo que abrió dudas por su continuidad en la organización. El encuentro, para organizar un acto el 1 de Mayo -lo había anticipado este diario- y responder a algunas presiones del Gobierno, terminó hegemonizado por la primera pelea interna expuesta en su máxima crudeza.

Los principales protagonistas (no los únicos) fueron Héctor Daer, de Sanidad y miembro del triunvirato de conducción de la CGT, y Facundo Moyano, diputado nacional, uno de los hijos del líder camionero Hugo Moyano y exjefe del gremio de peajes. Paradójicamente la discusión arrancó con un pedido de disculpas del legislador. Luego desembocó en pases de factura y recriminaciones múltiples que tuvieron como expositores y destinatarios, aleatoriamente, a los otros dos triunviros, Carlos Acuña y Juan Carlos Schmid, al camionero Pablo Moyano, el petrolero Guillermo Pereyra y el metalúrgico Francisco “Barba” Gutiérrez, entre otros.

El entredicho puso al descubierto diferencias que arrastra la CGT desde antes de su fusión de agosto, y que van desde estilos diferenciados hasta el rumbo de la central obrera y su postura ante el Gobierno. Lo que parecía un debate habitual comenzó a tomar calor cuando habló Acuña. Hizo una suerte de mea culpa por la falta de un discurso uniforme del triunvirato y prometió no ir a solas a reuniones ni sacarse fotos que pudieran interpretarse en nombre del cuerpo colegiado.

A continuación tomó la palabra Facundo Moyano, cuya alocución causó el escándalo: arrancó con un pedido de disculpas por haber opinado en medios que el formato de triunvirato no era el adecuado e incluso haber propuesto como único jefe al bancario Sergio Palazzo. Tras prometer que en adelante haría sus críticas puertas adentro, cumplió: dijo que los triunviros habían sido dubitativos en el anuncio de un plan de lucha y le recriminó a la mesa chica por la foto de fin de año con Mauricio Macri en Olivos.

Le respondió Daer, que encadenó una extensa lista de reproches al dirigente. Desde sus exposiciones mediáticas con Susana Giménez y Mirtha Legrand hasta endilgarle un aparente intento de lesionar el modelo sindical por su propuesta legislativa de limitar las reelecciones de dirigentes. Incluso, a los gritos, le echó en cara su propia génesis como gremialista, cuando al amparo de los Camioneros de su padre creó el sindicato Sutpa y desplazó a su hasta entonces protector, Antonio “Cacho” López, líder de Uecara.

En ese punto la discusión se desmadró. El primero en retirarse fue el colectivero Mario Caligari (UTA) y le siguió el maquinista de trenes Omar Maturano (La Fraternidad), ambos referentes de la confederación de gremios del transporte (CATT) y entre quienes anoche rumiaban la posibilidad de congelar su participación en la CGT. Schmid, titular de la CATT, intentó terciar entre los principales contendientes en su doble carácter de triunviro y referente del moyanismo. Su amague de equilibrar posturas terminó cuando Daer le exigió contar en público el pensamiento que le había transmitido en privado sobre la exposición mediática de Facundo Moyano. El portuario, que en los últimos meses cultivó el vínculo con el dirigente de Sanidad, terminó su intervención con una cerrada defensa del esquema de triunvirato.

En medio del escándalo también hubo reproches al petrolero Pereyra por haber declarado que la CGT parecía “un mamarracho” por los incidentes con los que concluyó el acto del 7 de marzo pasado. Por el neuquino, ausente, respondió su adjunto, Ricardo Astrada, quien se disculpó. Pero faltaba más: sobre el final hubo margen para que Pablo Moyano argumentara que las seccionales del interior de la CGT “se normalizan con kirchneristas” y bajo la responsabilidad de “un dirigente que echó a 500 trabajadores”. La alusión era a otro ausente, el metalúrgico Gutiérrez. Para entonces la mitad del Consejo Directivo ya se había retirado.


 

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