La amenaza norcoreana pone en jaque al planeta

El hermético régimen comunista se autoproclamó Estado nuclear tras la prueba de su último misil, capaz de alcanzar cualquier punto del territorio estadounidense. El mundo reaccionó con duras críticas y Trump pidió que todos cortaran relaciones con Pyongyang.

Fue el silencio antes de la tormenta. Los 70 días que Corea del Norte pasó sin tirar un proyectil no fueron una señal sobre la posibilidad de diálogo. Fue el tiempo que le llevó al régimen preparar el lanzamiento de su misil intercontinental más potente, capaz de alcanzar cualquier punto de Estados Unidos, un desafío que el mundo criticó con dureza, al tiempo que Washington exigió a todos los países que cortaran relaciones con el régimen de Kim Jong-un.

La amenaza es tan fuerte que Estados Unidos sopesa la posibilidad de interceptar todo transporte que venga o vaya al país asiático. Así lo adelantó la vocera del Departamento de Estado, Heather Nauert, aunque insistió en que la “opción diplomática sigue de momento viable y abierta”.

“Estados Unidos mantiene su compromiso de hallar un camino pacífico a la desnuclearización y de poner fin a las beligerantes acciones de Corea del Norte”, señaló.

“Llamamos a todas las naciones a cortar todos sus lazos con Corea del Norte”, expresó la embajadora estadounidense ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Nikki Haley.

La diplomática pidió que se rompan las relaciones diplomáticas con Pyongyang, que se paralicen todas las importaciones y exportaciones y que se expulse a todos los trabajadores norcoreanos de sus territorios.

Catarata de reacciones

Tras casi un día de silencio, apenas roto por un tuit en el que dijo que se haría cargo de la situación, el presidente Donald Trump se comunicó con su par chino, Xi Jinping, y anunció que las “últimas acciones de provocación” serán castigadas.

“El presidente enfatizó la necesidad de que China use todas sus palancas para convencer a Corea del Norte de que ponga fin a su provocación y vuelva a la senda de la desnuclearización”, indicó en un comunicado la Casa Blanca.

El lanzamiento supone un doble desafío: hacia Trump, quien en su reciente gira asiática había dejado entornada la puerta del diálogo; y hacia China, el histórico aliado de Corea del Norte que en las últimas semanas elevó el tono de sus críticas al régimen de Pyongyang.

El Gobierno chino expresó ayer su “profunda preocupación” por el lanzamiento del misil, al igual que Rusia, otro miembro permanente del Consejo de Seguridad que condenó la “acción provocadora que apunta a incrementar la tensión y aleja la posibilidad de arreglar la crisis”.

Francia se sumó a los duros reproches, aunque los primeros en reaccionar fueron los vecinos de Corea del Norte que se sienten más amenazados: Corea del Sur y Japón.

Casi mil kilómetros

Pese a la condena global y a las decisiones del Consejo de Seguridad, nadie espera que Corea del Norte suspenda sus pruebas militares. Menos ahora que se ha proclamado “un Estado nuclear” y una “potencia de misiles”.

Pese al rimbombante anuncio,  expertos dicen que Pyongyang aún no demostró el dominio de aspectos técnicos imprescindibles.

En primer lugar, un misil debe llegar al punto deseado sin desintegrarse por el fuerte calor y la presión del roce de la atmósfera.

Según Corea del Norte, su misil del tipo Hwasong-15 lanzado ayer a las 2.47 (las 15.17 del martes en Argentina) alcanzó una altura de 4.475 kilómetros –como referencia, la Estación Espacial Internacional está a 240 kilómetros– y cayó en aguas japonesas, a casi mil kilómetros del lugar desde donde fue disparado. Su vuelo duró  50 minutos.

En julio, el país había probado dos misiles del modelo anterior, Hwasong-14. Volaron en trayectorias parabólicas de 37 minutos el 4 de julio y de 47 minutos el 28 de julio.

Lo novedoso del nuevo misil es que “cuenta con una ojiva especialmente grande y capaz de atacar cualquier punto de Estados Unidos”. Los expertos creen que este cálculo es correcto: tendría un alcance de 13 mil kilómetros, suficiente  para llegar a cualquier ciudad estadounidense.

Sin embargo, la reconocida presentadora norcoreana Ri Chun-hee, casi una vocera del Gobierno, aseguró que Corea del Norte “no será ninguna amenaza para ningún país o región”, aunque acusó a Estados Unidos de “una política de extorsión atómica”.

El régimen norcoreano celebró a lo grande su presunto éxito porque cumplió su gran ambición: tener al alcance de la mano a Estados Unidos para disuadirlo de cualquier acto abiertamente hostil. Al menos ese es su cálculo.

“¡Disparen con coraje, por el partido y el país!”, exhortó la orden firmada por el líder norcoreano, Kim Jong-un, publicada por la prensa estatal.

El líder norcoreano siempre soñó con el “equilibrio de fuerza” con Estados Unidos. Tal vez considera que lo alcanzó y ahora intente hablar de igual a igual con Trump, aunque Washington, más que diálogo, cree que este paso los acerca más a la guerra.


 

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