La Escuela Hospitalaria cumple 50 años educando al pie de la cama

El establecimiento funciona en el segundo piso del Hospital Público Materno Infantil y hasta fines de mayo pasado había brindado educación primaria y estimulación temprana a unos 600 niños y niñas.

Un aula diferente. En lugar de los bancos y la pizarra convencional, hay dos camas y un par de sillas. Allí la maestra da clases al pie de la cama a niños y niñas que afrontan alguna dolencia o enfermedad. Una tarea loable y prácticamente personalizada que desarrolla la escuela hospitalaria 7038 Dr. Andrés Cornejo de Salta, que el próximo viernes celebra sus bodas de oro.

El establecimiento funciona en el segundo piso del Hospital Público Materno Infantil y hasta fines de mayo pasado había brindado educación primaria y estimulación temprana a unos 600 niños y niñas. De estos, según datos oficiales, 80 fueron atendidos en el hospital Papa Francisco, en la zona sudeste, donde se abrió un anexo el año pasado.

Liliana Carabajal está en la escuela desde hace 13 años. Es una de las maestras de estimulación temprana y desborda amor por su tarea. “Como docente una debe estar a la altura de cada situación para poder ayudar y sostener al niño o niña y a su familia, que está viviendo un momento delicado para que salgan adelante”, señaló Liliana, y al mismo tiempo agregó: “Ponemos nuestra entrega y muchas veces nuestra oreja para escuchar a esos papás lo que están viviendo. Lo gratificante es cuando vemos a muchos niños que se recuperan y vuelven a sus casas”.

A la directora Cristina Echazú la escuela hospitalaria le genera emociones encontradas. “Ya son casi 24 años y este aniversario me encuentra preparando las valijas. La escuela hospitalaria me dio mucho y yo di mucho también, le di prácticamente, no digo mi vida, pero sí parte de mi vida, junto con mi familia. Yo nunca estuve sola, mi marido, mis hijos, mis padres, que ya no están, estaba mi madre cuando asumí, imagino que desde arriba ella debe estar orgullosa”, destacó.

A diferencia de ser docente en una escuela común, trabajar en la escuela hospitalaria tiene su lado triste y conmovedor, que depende según la patología. Cuando se trata de cosas sencillas, los niños se van de alta en unos días; pero en los cuadros más complejos es todo un desafío. “Para una que es madre y abuela es duro ver sufrir a un niño”, admitió Echazú.

En esta escuela atípica, donde las clases son al pie de la cama y de forma íntima, participan también los padres. Esto los hace sentir acompañados. A diario la escuelita tiene nuevos alumnos, lo que hace que la matrícula sea fluctuante. Un niño que es internado, a las pocas horas cuenta con la educación hospitalaria.

Miriam Roldán es profesora de educación especial y se jubiló el miércoles pasado, luego de 28 años enseñando a chicos que afrontan alguna dolencia o enfermedad (21 en la escuela hospitalaria y siete en la domiciliaria). “Acá aprendí lo que los chicos te enseñan: a valorar cada minuto que se puede hablar. La enseñanza pareciera que pasa al segundo plano con la situación que ellos atraviesan, pero en realidad es tan importante que puedan encontrarse con las actividades de la escuela que si bien al principio no les gusta, después es como alejarlos un rato de los pinchazos, de los sueros. Las actividades escolares pasan a ser terapéuticas y los motiva a hacer”.

Emocionada, y entre sollozos, Miriam contó que ya extraña mucho a dos alumnos con síndrome de Guillain-Barré. “Al principio no querían saber nada de las clases porque no podían sostener su cabecita, ahora ya se sientan y uno hasta puede hablar”, destacó.

El sistema se ofrece desde 1957

El 9 de junio de 1967 se inauguró la Escuela Hospitalaria Dr. Andrés Cornejo en el viejo Hospital de Niños durante la gestión en Educación del presbítero Carlos Escobar Saravia. Entonces asumió la dirección Elsa Z. de Saman, a cargo de los pacientes, alumnos de 1´ a 7´ grado del San Bernardo, y la señorita Rosa Portal, con otro grupo en el Hospital de Niños. En 1968 se incorporaron más maestras. Pero la educación hospitalaria, en realidad, funciona en Salta desde 1957 como anexo de ALPI (centro de rehabilitación) en el Hospital del Milagro, a cargo de una maestra. Desde el 23 de junio de 1965 hasta el 8 de marzo de 1967 fue anexo de la Escuela de Irregulares Motores, en el Policlínico San Bernardo.

Fuente: El Tribuno Salta (Por Natalia Meja)


 

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