La grieta: una herida abierta que desgarra al periodismo

La última entrega de los Martín Fierro a la actividad radial, cuyos ecos no cesan hasta hoy, reavivó fuertes disputas ideológicas entre colegas del oficio y reflejó los claroscuros de una industria audiovisual que afronta un momento de convulsión inédita.

A casi 72 horas de la ceremonia del Martín Fierro de radio , el fuego cruzado entre periodistas que caracterizó esa velada no cesa. Lejos de atenuarse, los debates y las polémicas de la ceremonia no dejaron de crecer en las últimas horas, al calor de la reaparición a gran escala mediática de lo que toda la opinión pública conoce e identifica como la “grieta”, una división tajante de opiniones que en este caso aparece movilizada por la situación precaria de algunos medios que durante el kirchnerismo fueron beneficiados por una gigantesca pauta publicitaria oficial.

La fuerte repercusión que hasta hoy mismo tuvo la entrega de los premios a la radio del último sábado incluyó alusiones y reacciones por (presuntos) dichos antisemitasdiscusiones entre periodistas de miradas ideológicas diferentes en los que reaparecieron viejos recelos y un debate subyacente respecto del papel del Estado frente al riesgo de achicamiento o cierre de varios medios manejados por empresarios ligados al kirchnerismo que crecieron al calor de una pauta oficial monumental distribuida arbitrariamente por necesidades políticas del gobierno anterior.

Hace un año, el Martín Fierro a la actividad radial resultó una fiesta ejemplar. Casi todas las figuras del medio dejaron a un lado cualquier circunstancial discusión sobre la actualidad para honrar en conjunto a un medio de inigualable y directa llegada a la gente.

Cuando Aptra decidió la fecha del Martín Fierro de radio 2017, jamás imaginó que esa circunstancia coincidiría, como ocurrió el sábado último, con el momento más agitado y efervescente del año para la radio. Emisoras en quiebra, concurso o con el futuro condicionado por deudas millonarias, cruces de acusaciones respecto de las responsabilidades de cada protagonista y, sobre todo, el incierto futuro laboral de cientos de trabajadores, convergen en un duro cuadro de situación que quedó a la vista con crudeza a través de los duros cruces que periodistas de alto perfil y con fuerte respaldo entre la audiencia iniciaron el sábado y mantuvieron hasta las últimas horas.

La confrontación que ganó cuerpo y en algunos casos mucha intensidad entre muchos de esos protagonistas ( Alfredo Leuco , Diego Leuco , Reynaldo Sietecase y otros colegas que se alinearon detrás de unos y otros) y que tuvo un efecto multiplicador no sólo en la radio y la televisión sino en las redes sociales, es la prueba más cabal de esa situación.

Detrás de las muestras de intolerancia y los insultos incalificables subsiste un tema de fondo: la necesidad de una efectiva regulación de la pauta publicitaria oficial con criterios razonables de asignación, sin los caprichos y las arbitrariedades que marcaron a fuego la política del kirchnerismo y con herramientas de control sólidas e independientes.

También alguna vez debería haber consenso alrededor de un tema clave: un Estado que, como señaló ayer en estas páginas Joaquín Morales Solá, administra un país con enorme déficit fiscal y un 30% de la población bajo la línea de pobreza, no puede hacerse cargo de medios privados caídos en la insolvencia después de que sus responsables recibieran millonarias sumas en concepto de pauta mientras estafaban al fisco o evadían los aportes previsionales de sus propios empleados.

Un tuit que terminó en despido

Tras sus expresiones antisemitas pronunciadas a través de Twitter, la ex modelo y panelista del programa Nosotros a la mañana,Ursula Vargues ,fue despedida del programa que conduce Fabián Doman en Eltrece.

En su tuit más reprochable, Vargues escribió: “Los judíos gobiernan, hace mucho, el mundo de las comunicaciones. No entiendo por qué nombrarlos los lastima… «Me dijo judío. ¡Qué horror!» ¡Jajaja!”.

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