harina de chaguar

La hora del chaguar, la harina de algarroba y el árbol de brea

Un programa nacional se aplica en Salta y promueve la producción, industria y consumo de productos del monte.

Productores de harina de algarroba en el Chaco salteño, de vinagre de frutas nativas de la selva paranaense en Misiones y de chilto o tomate de árbol en Jujuy son parte de un programa que promueve actividades que respetan el monte nativo, sostenido por el Ministerio de Ambiente a través de un financiamiento internacional de las Naciones Unidas para el uso sostenible de la biodiversidad ante el cambio climático.

“Son 800 los beneficiarios directos e indirectos, entre pequeños productores criollos y miembros de comunidades originarias”, más científicos y técnicos que participan en la elaboración de protocolos de uso sustentable de la biodiversidad, en alrededor de 10 productos indicados, contó el secretario de Política Ambiental, Cambio Climático y Desarrollo Sustentable, Diego Moreno.

La iniciativa, que cuenta con financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, es implementada por el Ministerio de Ambiente, presidido por Sergio Bergman, a través de la secretaría de Desarrollo Sustentable con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Salta, Jujuy y Misiones.

No convencionales

El proyecto procura “desarrollar cadenas de valor de algunos productos no convencionales en el mercado y de valor nutricional, trabajando con productores locales de Yungas, Chaco y Misiones en las técnicas de cosecha, elaboración y comercialización”, informó.

Entre los productos se cuentan “la harina de algarroba, la miel de abejas reconocidas en el código alimentario, la siembra y extracción de chilto -tomate de árbol- en la localidad jujeña de San Pedro”.

También goma brea, licores, mermeladas y vinagre de frutas nativas de la selva paranaense, en un plan de estímulo al desarrollo de mercados y mecanismos financieros para la sostenibilidad del uso de productos forestales no madereros, en el contexto proteccionista de la ley de bosques.

Se trata de que “el saber tradicional de comunidades rurales pueda transformarse en un negocio” y hacer conocidos los productos “a través de algunos chefs como Dolly Irigoyen”, que los introduzcan al “mercado nicho” de la cocina de autor. Nahuel Schenone es el coordinador general del proyecto a través de los ministerios de Ambiente de Salta, Jujuy y Misiones sobre “tres áreas boscosas -Yungas, Chaco salteño y selva paranaenense-, que son bosques con la mayor diversidad de Argentina y los que tienen mayor amenaza”, relató.

“Trabaja el aspecto económico de la sustentabilidad, porque si no hay un ingreso genuino, no es sustentable que la comunidad se quede arraigada al bosque”, planteó Schenone.

El coordinador reivindicó que el plan “es bastante integral, no sólo ambiental conservacionista, sino desde la lógica de proyecto, con el hombre adentro y el aspecto productivo cultural”. “Hay que mejorar las capacidades técnicas en las regiones y hacer ensayos de mercado en estos territorios incipientes, con un termómetro de lo que sería la demanda, porque hay que garantizar el abastecimiento de productos estacionales y que el consumidor entienda que estos productos no son industriales”, afirmó.

Coordinación local

Marcelo Pérez es coordinador del proyecto en la eco región Chaco Seco, en el que se integran productores predominantemente salteños, a través de “tres experiencias piloto con comunidades wichi que son propietarios de tierras comunitarias”.

En esta región “se trata de algarroba para hacer harina; el árbol de brea del que se extrae una sustancia para uso industrial, la fibra de chaguar para hacer cinturones y bolsas y tinturas naturales”, dijo.

“Trabajamos el manejo de las especies con la recolección para no entrar en conflicto asegurando el recurso para otras generaciones”, relató Pérez.

Con el proyecto, los “textiles de fibra de chaguar, que ya estaban comercializando con algunas dificultades”, tratan de conseguir nuevos mercados para bolsas o yicas (confeccionadas con fibras vegetales), que “las mujeres siempre están produciendo y tejiendo buscando una artesanía de nuevos colores y modelos”. Asimismo, con la harina de algarroba, que las comunidades usaban para su comida cosechando la chaucha dulce y morena del algarrobo un mes al año, almacenándola en trojas.

La algarroba “tiene un tiempo de vida útil, así que se dispuso un sistema de recolección limpio y de almacenamiento hasta la llegada a la molienda. Ahora se necesita un mínima infraestructura y energía eléctrica, con parámetros de bromatología, y que siga siendo un alimento para la familia además de generar un excedente con un ingreso más significativo”.

Apta para celíacos porque no posee gluten, la algarroba es un alimento energético que contiene azúcar natural (fructuosa, glucosa, maltosa y sacarosa) y proteínas, además de calcio, hierro y fósforo.

“Hay una planta piloto de elaboración de harina y derivados de panificación; se puede obtener el arrope (un jarabe como miel) y también alimento para animales”, detalló.

Otro producto es la goma brea, un exudado del palo verde que “se empezó a trabajar en la década del 90 con financiamiento alemán”, contó Pérez. “Con heridas en la corteza que no comprometen al árbol, exudan una sustancia que es buen sustituto de la goma arábiga importada” que se usa en procesos industriales.

El Tribuno Salta