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La industria editorial hace a mitad de año un balance que enciende varias alertas

Con un leve repunte en junio y julio, la caída de las ventas de libros alcanzó en el primer semestre hasta un 25%; el aumento de las importaciones, el dato que más preocupa.

En un contexto similar al de diciembre de 2016, con una caída en la producción del 23% y un leve atenuante en el derrumbe de las ventas el último bimestre (que igualmente oscila en un 25%), la industria editorial asistió ayer a la presentación del informe que la Cámara Argentina del Libro (CAL) realiza, a mitad y fin de año, para medir y analizar las variables del sector. El aumento en las importaciones, que podría alcanzar cifras récord, es el dato que más preocupación encendió entre editores, libreros y distribuidores, pues habla de los altos costos que tiene la producción local y, por ende, la baja competitividad editorial de nuestro país en el mercado internacional.

Atenta a la coyuntura de la industria que representa, la CAL realiza sus estadísticas a partir de una encuesta entre sus socios y de gran parte de los datos provenientes de la Agencia Argentina de Registro de ISBN (una especie de DNI que tiene cada nuevo título), donde las editoriales notifican sus novedades mensualmente con la cifra de la primera tirada. Esa información, de enero a junio de 2017, arrojó varios resultados, que fueron dados a conocer ayer en la sede de la CAL.

Sobre el elevado saldo negativo del comercio exterior, Diana Segovia, gerenta institucional de la Cámara, aclaró: “Tendemos a una balanza comercial deficitaria”. Desde los 2000, eso ocurre de manera continua, pero en el primer semestre de este año el déficit ya registra un saldo comercial negativo de 37 millones de dólares (el anual, en 2016, había sido de 50 millones).

¿Quiénes son los principales importadores de libros extranjeros? Además de los grandes grupos como Penguin Random House, Grupo Planeta y Grupo Prisa, LA NACION y AGEA, entre otros. “Crecen los servicios gráficos que imprimen afuera, incluso en barcos factoría de origen asiático”, precisó Graciela Rosenberg, presidenta de la CAL y directora de Lugar Editorial. Y acotó que el libro extranjero entra al país sin recargo alguno.

La importación de libros acerca a los lectores a una diversidad de títulos que no debe ser cuestionada: el cepo a los libros no favorece el desarrollo cultural. Sin embargo, la importación podría ser selectiva. “Nos enfrentamos a varios problemas -señala Alejandro Dujovne, investigador del Instituto de Desarrollo Económico y Social…. Al ingreso deseable de títulos publicados por editoriales extranjeras que enriquecen la oferta, se suma la importación de volúmenes producidos en la Argentina, pero impresos en el exterior, especialmente en China, y de saldos a muy bajo precio que inundan el mercado, especialmente de origen español.” Para Dujovne, la decisión de imprimir en el exterior responde “a la producción de cierto tipo de libros que por razones técnicas son difíciles de publicar aquí, y en otros casos al aprovechamiento de una economía de escala, ya que a partir de cierta tirada es más rentable hacerlo afuera con costos más bajos”.

Cantidad y calidad

El total de novedades publicadas en el primer tramo del año se mantuvo estable respecto de los semestres de los dos años anteriores. En 2017, alcanzó las 13.555 (apenas 117 títulos menos que en 2016 y 35 más que en 2015). De esas novedades, un 31% fue publicado por el sector editorial comercial (SEC); un 13% corresponde a las ediciones de autor, y un 56% fueron hechas por editores que no publican más de tres títulos por año, empresas y entidades públicas.

En el primer semestre, hubo una merma del 23% en la producción (cantidad de ejemplares) respecto de 2016 (que, a su vez, ya había caído en comparación con 2015). “Se advierte un cambio en el sistema de producción”, señaló Quevedo. La tirada promedio de un libro es de 3000 ejemplares, pero varias editoriales, por cuestiones de logística, comienzan a imprimir por demanda determinados títulos. Esas tiradas pocas veces superan los 300.

La baja en las ventas en librerías ronda el 25%. “El gran problema es la caída del consumo”, señaló Martín Gremmelspacher, vicepresidente de la CAL y editor del sello Bonum. Los consumos culturales disminuyen en tiempos de escasez, aunque suelen ser los primeros en repuntar cuando el panorama económico mejora. No es todavía el caso argentino.

Desde PRH y Planeta se informó que las ventas del primer semestre habían estado un 20% por debajo de sus expectativas. Ambas casas, no obstante, publicaron los títulos más vendidos en cadenas de librerías hasta ahora, como Macri, de Laura Di Marco; Fueron por todo, de Nicolás Wiñazki, y Falcó, de Arturo Pérez Reverte, todos de Penguin Random House. Por su lado, en Planeta alcanzaron buenas ventas con Escrito en el agua, de Paula Hawkins; , de Viviana Rivero, y Descubriendo el cerebro, de Facundo Manes y María Roca. Un caso excepcional es el de Riverside Agency (que agrupa a Edhasa, Anagrama y Salamandra), que creció un 29%. ¿Cuál es la razón? “Los nuevos libros de Harry Potter levantaron la venta de toda la saga”, indican.

Por fuera del informe, se consignó que en junio y julio los socios de la CAL advirtieron una leve recuperación de unos 5 puntos. “Cuando las librerías venden, las editoriales lo sienten de inmediato”, apuntó Rosenberg.

Desde el Estado

Otro motivo de preocupación para la industria editorial local es la falta de compras de libros por parte de los ministerios de Educación y de Cultura.

Por otro lado, los representantes de la CAL advirtieron que es muy difícil para los editores argentinos acceder a créditos blandos e indicaron que las gestiones culturales estatales no trabajan en sintonía con las cámaras. “Se superponen ferias del libro nacionales y extranjeras que tienen como país invitado a la Argentina y las delegaciones están integradas casi por completo por escritores. La literatura es sólo una parte de la industria editorial”, remarcó Gremmelspacher.

“En la Argentina, hay incertidumbre por las elecciones, pero creemos que después de octubre, con el Día de la Madre, las Fiestas y las vacaciones, las ventas van a repuntar”, dijo a LA NACION Ignacio Iraola, director editorial de Planeta.

La baja en las ventas de libros no es un fenómeno global y suele depender de los altibajos de la economía en cada país. En España, el sector editorial tuvo en 2016 su mejor año; en Estados Unidos, Amazon comenzó de nuevo a abrir librerías por la demanda de nuevos públicos. En Chile y Perú, las industrias editoriales florecen.

Dujovne sostiene que el ingreso de libros argentinos en el extranjero lleva tiempo. “Para eso es necesario desplegar estrategias sostenidas cuyos efectos son más dilatados pero también más duraderos (como políticas fiscales y crediticias)”, dice. Si las ideas de los editores confluyeran con las de investigadores y funcionarios, el libro argentino podría ganar nuevos lectores y mercados.

Números que marcan el pulso

Aumento en las importaciones

37

millones de dólares

Es el saldo negativo en la balanza comercial del primer semestre de 2017 (en todo 2016 fue de 50.000.000)

25%

fue el pico de la caída de ventas en librerías

En junio y julio se advirtió una leve recuperación en unidades (de entre el 5% y el 7%) atribuible a la mayor circulación por vacaciones y el cobro del aguinaldo. La caída en la producción de ejemplares fue del 23%

La literatura infantil y juvenil, la estrella

El 41% de las novedades editoriales lo integran los libros de literatura y LIJ. Este último es el sector más dinámico del mercado editorial

Sellos independientes

El 55 por ciento de las novedades publicadas durante el primer semestre de este año correspondió a editoriales independientes

80%

La revolución que no llega

Se mantiene alto el porcentaje de producción de libros en papel. Del 20% que se llevan los digitales, sólo el 15% son “nativos digitales” (el resto corresponde a conversiones de papel a digital)

Libros más vendidos en el primer semestre

Macri, por Laura Di Marco, editorial Sudamericana

Falcó, por A. Pérez Reverte, editorial Alfaguara

Escrito en el agua, por Paula Hawkins, editorial Planeta