concurso de la empanada

María Luisa Castillo, la ganadora del Concurso de la Empanada

María Castillo, Milagros Rodríguez y Héctor Carrillo se coronaron en primer, segundo y tercer lugar. Cincuenta años premiando a las mejores empanaderas de Salta. Diez mil personas el sábado y más de quince mil ayer demuestran la vigencia de esta tradicional fiesta.

Más de 25 mil personas concurrieron durante las dos jornadas de la 50ª Feria de la Empanada Salteña (10 mil el sábado y 15 mil ayer), y disfrutaron de los sabores de los 103 puestos que ocuparon el predio del Centro de Convenciones de Limache.

La música acompañó a uno de los concursos gastronómicos más importantes del NOA. La noche del sábado en la previa del gran día del concurso y celebrando los 25 años de exito continuado, figuras como Los Nocheros y el Chaqueño Palavecino marcaron el puntapié inicial.

El domingo en tanto, el gobernador Juan Manuel Urtubey se paseó entre los puestos el domingo, saludando a los cocineros y probando sus exquisiteces.

Las salteñas, las mejores

Que la comida y todas las formas de producción son parte fundamental de la tradición de los pueblos es un tema repetido en los clichés turísticos. Pero más allá de eso, sorprende la constante renovación que muestran los feriantes en cada una de las ediciones de esta tradicional fiesta de la empanada, que en 2017 cumplió el medio siglo de presencia entre los salteños.

En esta ocasión el jurado decidió otorgar el primer puesto entre los 103 concursantes a María Luisa Castillo, el segundo a Milagros Rodríguez y el tercero a Héctor Carrillo. Y por singular que parezca María Luisa no es una profesional de la gastronomía. “Comencé con esto en la crisis del 2001, cuando quedamos desocupados mi marido y yo”, cuenta. Asegura que no tenía una tradición familiar detrás de esa elección. De todas maneras empezó a vender empanadas en su casa del barrio Constitución. “Y a medida que las iba haciendo, iba preguntándoles a los vecinos qué les parecía que había que mejorar. Y eso es lo que hice”, cuenta María Luisa. Aparte de Humberto, su esposo, también la ayudan sus hijos Cristian, Aldana y Sofía, María Luisa ayuda a la escuela La Estrella, donde Sofi, una hermosa nena especial, hizo sus estudios. “Ella ya está en la escuela integrada, pero yo igual ayudo porque sé que hay madres primerizas que necesitan”, dice. De esta manera hará entre 500 y 600 docenas de empanadas para que a lo largo de los 10 días que dura la Fiesta del Milagro, la escuela pueda venderlas en un puestito sobre avenida Belgrano. “Termino aquí y me voy a seguir trabajando”, dice.

Entonces, ¿cuál es el secreto que descubrió para hacer tan ricas sus empanadas? “Ponerle amor, dedicación a los detalles, no hay otra forma”, explica.

Algo similar nos aclara Milagros, que con su hija Adriana tienen el ojo entrenado para saber cuál es el momento de cada cocción, en qué instante apagar el horno, etc. Ella sí es profesional y tiene su negocio gastronómico. “Yo no hiervo las papas. Directamente las pongo junto a la carne antes de que se seque el juguito”, dice, entre otros detalles.

“Una vez le expliqué todo esto a una chica -y se lo expliqué muy bien, ¿eh?-. Pero igual, no le salió como debería ser. Para mí, el secreto está en la mano. Yo lo pongo al lado mío con los mismos productos y cocinando los dos iguales y si usted no tiene mano, no le va a salir rico”, sentencia. Milagros participó de varias ediciones de la Feria y de otros concursos gastronómicos. En cada uno recogió lauros gracias a ese detalle que solo puede ver el ojo conocedor y repetir la mano experimentada. Quien nunca tuvo una experiencia personal experimentada con el arte de la empanada es Héctor Carrillo. Volvió a Salta después de estar 20 años en Buenos Aires y aquí es administrativo en una empresa de comunicaciones. “No tienen sabor las empanadas del sur”, dictamina. “Son solo carne y cebolla”. Él tampoco es un profesional de la gastronomía, pero sí tiene una tradición ya que su madre Eusebia y su tía Juana ya fueron galardonadas en otras ediciones de la Feria.

“Lo que pasa es que aquí, por ejemplo, condimentamos bien el recado y eso nos da un aporte único. Por ejemplo, el pimentón del Valle Calchaquí, ¿cómo no va a funcionar? ­Garpa absolutamente!”, dice, confiado en la singular calidad de los productos salteños. “Hasta la carne tiene otro sabor aquí”, dice. Viendo el arte de cada uno, comprendemos mejor el porqué a las empanadas se dice les “salteñas” en el resto del continente.