Las urnas en América latina, entre esperanza y desencanto

Con las presidenciales de este domingo en Chile, se abre otro ciclo electoral regional. En 14 meses, renovarán autoridades ocho países en los que crecen la apatía y las críticas al sistema.

Chile, uno de los países de la región que más tardó en recuperar su democracia, luego de casi 17 años de dictadura encabezada por Augusto Pinochet, iniciará este domingo un cargado ciclo electoral en Latinoamérica, donde ocho países escogerán presidente en los próximos 14 meses.

A estos comicios, que tendrán punto de partida el domingo, les seguirán los de Honduras –siete días después– y los otros seis países hasta diciembre del año que viene. En 2019, se sumarán las presidenciales de seis naciones más, entre ellos la Argentina.

En 2018, irán a las urnas los tres países más poblados de América latina: Brasil, con 207 millones de habitantes; México, con 123 millones, y Colombia, con 49 millones.

En el gigante sudamericano, sacudido aún por los efectos del vidrioso impeachment que desalojó del Palacio del Planalto a Dilma Rousseff y ungió a su impopular vice, Michel Temer, el panorama político está marcado por la incertidumbre y el descrédito de la clase política. Los casos de corrupción que salpican a dirigentes de casi todos los partidos, así como a poderosos empresarios, han potenciado la desconfianza en las instituciones y abonado el terreno para que florezcan peligrosos discursos y posiciones mesiánicas.

Un ejemplo de esta tendencia lo encarna el candidato Jair Bolsonaro, diputado que dedicó su voto contra Dilma al torturador de la expresidenta. Este hombre, que cosechó apoyo de sectores ligados a militares y a iglesias evangélicas donde revistó,  aparece segundo en sondeos, detrás de Luiz Inácio Lula da Silva.

Pero como lo puntualiza el politólogo Daniel Zovatto, director para América latina y el Caribe del Instituto para la Democracia y la Asistencia Electoral (Idea), este no es un fenómeno exclusivo de los brasileños. La caída en el apoyo a la democracia es algo que el Latinobarómetro ha constatado en los últimos cinco años en esta región.

Con el “factor Trump”

Siguiendo con el trío de naciones que representan sumadas más del 50 por ciento de la población latinoamericana, México implica un caso especial.

A las desigualdades sociales, la influencia inocultable de los carteles del narcotráfico y el crimen organizado en los estamentos de poder, y desapariciones sin esclarecer (como la de los estudiantes de Ayotzinapa), se sumará en esta elección el “factor Donald Trump”. La sostenida promesa del presidente estadounidense de levantar un muro divisorio en su frontera sur y de hacérselo pagar a su vecino, será motivo inevitable de plataformas y discursos de campaña.

En tanto, en Colombia, las presidenciales de 2018 serán las primeras después del acuerdo de paz firmado por el actual presidente, Juan Manuel Santos -premiado por ello con el Nobel de la Paz- y las Farc, la guerrilla más numerosa y antigua del continente. El otro hito estará dado precisamente por la participación de los rebeldes, desmovilizados y ahora convertidos en partido político, que llevarán a su máximo jefe como candidato al más alto cargo del Palacio de Nariño.

Para los acuerdos que pusieron fin a medio siglo de conflicto armado y allanaron el camino a las actuales negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) los comicios pueden aparecer como un segundo plebiscito. No pocos recuerdan el triunfo del No a los acuerdos sellados en Cartagena de Indias y la escasa participación en la consulta efectuada poco después de firmarse la paz.

Sin embargo, Colombia no es el único país de voto no obligatorio donde la apatía o la insatisfacción con sus representantes ha bajado a niveles preocupantes los índices de participación.

Abulia y fragmentación

En Chile donde el empresario Sebastián Piñera aparece como favorito para regresar en marzo al Palacio de La Moneda, todos recuerdan el ausentismo que enmarcó hace cuatro años el rotundo triunfo de Michelle Bachelet frente a la derechista Evelyn Matthei.

En la primera vuelta de noviembre de 2013, la presidenta socialista obtenía el 46,67 por ciento de los sufragios en unos comicios con 49,36 por ciento de participación, equivalentes a 6.699.011 votantes.

Un mes más tarde, la cifra de votantes bajó a 5.697.751, equivalentes a una participación del 41,98 por ciento. Bachelet aumentó su caudal en unos 400 mil votos y se impuso con el 62,17 por ciento, pero la abstención con que se estrenaba el nuevo sistema electoral opacó su regreso al poder.

Y es que hace cuatro años, Chile pasó del sistema de registro voluntario y voto obligatorio, a otro de registro electoral automático y voto voluntario.

Para este domingo, algunos sondeos dan a Piñera, candidato de la fuerza derechista Amplitud hasta 20 puntos de ventaja sobre el senador Alejandro Guillier, del Partido Radical, pero abanderado independiente del oficialismo. Guillier es por quien apuesta Nueva Mayoría, inmersa en pujas internas entre izquierdistas y democristianos. La DC postula por separado a Carolina Goic en este primer turno y queda por ver a dónde irán sus votos en un eventual balotaje, siete días antes de la Nochebuena.

Con balotaje puro, que exige para vencer haber obtenido la mitad más uno de los votos válidos, el escenario de segunda vuelta es el más probable y resta por ver si el oficialismo podrá reagruparse y sumar el poyo de Marco Enríquez Ominami y otros.

Al Gobierno saliente, sus detractores le facturan promesas que quedaron sin cumplir o metas que se lograron a medias. Un desencanto que emplaza a quienes ejercen en Latinoamérica el poder en tiempos de turbulencia y demandas sociales urgentes. Urgencias que no suelen coincidir con las cifras optimistas de la macroeconomía y dan cuenta de brechas que no terminan de cerrarse.


 

Deja un comentario