Los catalanes, ante 28 días que dictarán su destino

  • La Generalitat mantiene su decisión de realizar el referéndum por la independencia el domingo 1º de octubre.
  • La puja entre Barcelona y Madrid se mezcla con la trama de los últimos atentados.

Cataluña o Catalunya, según la orilla no sólo idiomática que uno escoja para enfocar el presente de esta emblemática región que se recuesta al sur de los Pirineos y sobre un Mediterráneo que besa sus bellísimas calas, ha iniciado un mes que puede marcar su futuro y el de toda España.

Dentro de exactamente cuatro semanas llegará el 1º de Octubre, o el decisivo “1-O” que la Generalitat, el Gobierno regional catalán, fijó como fecha para el referéndum independentista que el Estado español, con sede político-administrativa en Madrid, considera ilegal y trata de abortar.

Serán cuatro semanas clave, marcadas además por los recientes atentados perpetrados en Barcelona y Cambrils, que luego de algunos gestos de coincidencias por el estupor y el duelo, no hicieron más que potenciar diferencias y enconos entre el presidente español, Mariano Rajoy, y el jefe del Gobierno catalán, Carles Puigdemont, de la fuerza nacionalista Convergencia Democrática (CDC).

En esos 28 días, en los que las posiciones se radicalizarán, los catalanes conmemorarán su “Diada”, la recordación de aquel 11 de septiembre de 1714, cuando después de resistir un asedio de 14 meses, Barcelona cayó en manos de las tropas borbónicas que respondían al rey Felipe V.

Otro Felipe de Borbón

La marcha en repudio a la barbarie terrorista que perpetró el atropello masivo del 17 de agosto en Barcelona no disimuló las gruesas diferencias políticas derivadas del desafío soberanista. Aunque los convocantes del acto, la Generalitat y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, habían instado a no enarbolar otras insignias que no fueran las del rechazo al terror y por la defensa de una convivencia pacífica, las aguas se agitaron con los silbidos y abucheos a Rajoy y al rey Felipe VI, monarca de idéntico nombre y casa real que aquel de hace dos siglos.

Las expresiones contra la monarquía y las banderas esteladas del independentismo que levantaron en La Rambla seguidores de la Candidatura d’ Unitat Popular (CUP), la fuerza antisistema que logró en 2016 una decena de escaños en el Parlamento regional, fueron resaltadas por medios nacionales españoles como una afrenta imperdonable.

Incluso hubo referentes del Partido Popular (PP) de Rajoy que dijeron que esos abucheos habían sido orquestados por el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), la izquierda independentista que cogobierna en la región.

Los dardos cruzados y las polémicas entre Madrid y Barcelona se potenciaron esta última semana, con la polémica en torno a los atentados yihadistas. La controversia derivó de una supuesta advertencia sobre un posible ataque terrorista en La Rambla este verano, que la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) habría hecho en mayo a autoridades y fuerzas de seguridad catalanas, y que estas habrían soslayado.

Acusaciones cruzadas

La Generalitat y los Mossos d’Esquadra, la policía autonómica  ponderada por su papel tras la masacre, relativizaron la información publicada por El Periódico de Catalunya, negaron su supuesta negligencia y replicaron que dicha alerta había sido derivada a  autoridades españolas. Puigdemont denunció una intención de enlodar el papel de los Mossos, convertidos hoy en ariete del independentismo.

Ayer, un Rajoy acuciado por escándalos de corrupción que salpican al PP, como el caso Gürtel, embistió otra vez contra la consulta. “Vamos a preservar la unidad de España”, dijo el mandatario.

Nadie duda de la connotación antimonárquica e independentista que tendrá cada acto del lunes 11 en la capital o en los rincones más profundos de Catalunya, esa región con 580 kilómetros de costa y un enclave estratégico como puerta de Europa que la convierten acaso en la región más próspera de la península.

Cada quien, con lo suyo

A la férrea oposición al referéndum del PP se sumarían los rechazos de los liberales de Ciudadanos, que lidera Albert Rivera, y un “No” menos contundente y más dialoguista del Partido Socialista de Pedro Sánchez.

Más difícil de encuadrar es la posición de Podemos, a partir de sus declaraciones “soberanistas pero no independentistas”, que intentan trasladar a un referéndum al que Pablo Iglesias apoya, pero no quiere dar el carácter de vinculante.

De hecho, el próximo día 11, Iglesias participará en Santa Coloma de Gramenet de un acto por la Diada convocado por Podem, vertiente catalana de su partido que llevó a Colau al Gobierno de la ciudad, y Catalunya En Comú, la fuerza de Xavier Domènech. Todos ellos abonan el discurso de una “Cataluña soberana, diversa y valiente”, una suerte de refutación al lema de “una, grande y libre”, que el franquismo impuso por la fuerza para España.

Cataluña regresa a su ritmo normal en el final de un verano trágico. En la semana que hoy empieza, el Parlamento debatirá leyes cruciales para el referéndum.

Sondeos auguran que el “No” derrotaría al “Sí” en la consulta para transformar a la región en  república independiente. En ese caso, el reclamo debería archivarse quizá para siempre. Pero Rajoy no quiere correr riesgos. Es septiembre, un mes especial para el catalanismo. El domingo 24, Barcelona celebra su fiesta mayor, la de La Mercè, en honor a la Virgen patrona de la ciudad, una semana antes de la cita con las urnas que unos boicotearán, mientras puedan, como secesión golpista y otros pregonan como derecho inalienable a decidir su futuro.


 

Deja un comentario