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Más cerca de la Guerra Fría que de una “nueva era”

Antes de llegar a Moscú, el jefe de la diplomacia norteamericana dijo que Rusia debe elegir si está con EE.UU. o con Al Assad. El Kremlin respaldó al presidente sirio y culpó a rebeldes del ataque químico. La relación entre Trump y Putin, congelada hasta nuevo aviso.

La supuesta nueva era de cooperación que Estados Unidos y Rusia se aprestaban a iniciar a partir de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca quedó en entredicho tras las duras acusaciones que Washington y el Kremlin cruzaron ayer, poco antes de la visita del secretario de Estado norteamericano a Moscú.

El eje de la discordia volvió a ser la guerra en Siria y su disparador, el ataque con armas químicas perpetrado en la provincia de Idlib, que el Gobierno norteamericano atribuyó al presidente 
Bachar al Assad y Rusia a los rebeldes que buscan derrocarlo, entre los que incluyó a los yihadistas del Estado Islámico.

El posterior lanzamiento de misiles ordenado por el presidente Donald Trump contra una base siria cercana a la ciudad de Homs tuvo la inmediata condena de su par Vladimir Putin, que lo consideró una “agresión” contra un Estado soberano que podría tener graves consecuencias.

La discordia entre ambos gobiernos detonó cuando aún no se han acabado ni la polémica ni las investigaciones sobre el presunto papel del espionaje ruso en la contienda electoral en la que 
Trump se impuso a la demócrata Hillary Clinton.

Y fue el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, de quien todos los analistas habían resaltado sus vínculos con Putin forjados en sus tiempos de ejecutivo de Exxon Mobil, quien agregó ayer más leña al fuego.

“Rusia ha fracasado en su responsabilidad de hacer cumplir el compromiso de 2013”, dijo el jefe de la diplomacia estadounidense, en referencia a la destrucción del armamento químico por parte del Gobierno sirio, un acuerdo por el que Barack Obama renunció a atacar a las fuerzas de Al Assad. “No está claro si Rusia fracasó porque no se tomó esta obligación en serio o porque ha sido incompetente, pero esta distinción no les importa demasiado a los muertos. No podemos dejar que esto vuelva a pasar”, enfatizó Tillerson en la ciudad italiana de Lucca, durante una reunión de cancilleres del G-7, los países más desarrollados del planeta que, años atrás, solían invitar a Moscú a sus cumbres.

Los unos y los otros

El funcionario de Trump instó a Rusia a elegir entre estar junto a Estados Unidos y sus aliados o con Al Assad, Irán y la milicia libanesa de Hizbollah. Sin embargo, con sus pares del G-7, descartó una solución militar al conflicto sirio y dijo que la salida no puede contemplar la continuidad del actual gobierno de Damasco.

Tillerson, quien llegó a Moscú ayer en la tarde, recién hoy se reunirá con su par ruso, Sergei 
Lavrov. Hasta anoche, en medio de la tensión bilateral, parecía improbable que el secretario de Estado fuera recibido por el jefe del Kremlin.

Por su lado, Putin habló ayer con la prensa y acusó a la oposición armada de Siria –apoyada por Washington y sus aliados en Europa y Medio Oriente– de haber utilizado el ataque químico para justificar el primer bombardeo estadounidense con fuerzas regulares. “Tenemos información de diferentes fuentes de que similares provocaciones, y no las puedo llamar de otra forma, se preparan en otras regiones de Siria, incluso en las afueras al sur de Damasco”, afirmó tras reunirse con el presidente italiano, Sergio Mattarella.

“Se proponen colocar algún tipo de sustancia y culpar de su uso a las autoridades sirias”, agregó el presidente ruso, aliado de Al Assad, sin aportar pruebas concretas al respecto pero citando a sus servicios de Inteligencia.

Después de reiterar su pedido de una “investigación imparcial” de la masacre ocurrida la semana pasada en la ciudad siria de Jan Sheijun, Putin afirmó, con un dejo de sarcasmo, que los últimos acontecimientos le recuerdan a la invasión de Irak en 2003, “cuando representantes de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad mostraron las supuestas armas nucleares encontradas en Irak”.

En medio de esta escalada, los elogios que Trump dispensaba al poderoso gobernante ruso en su campaña proselitista parecen cosa de un pasado lejano, aunque muchos demócratas y detractores de su propio partido aún husmeen en sus acciones y mensajes buscando nexos que demuestren traición a la patria.

Listas para más ataques. El secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, dijo ayer que “no hay duda de que el gobierno sirio de Bachar al Assad es responsable” del ataque con armas químicas del 4 de abril, en el que murieron 86 personas y que supone una violación a las leyes internacionales que prohíben el uso de esta clase de arsenal. Mattis dijo que las fuerzas armadas de su país están listas para activar nuevas acciones militares y “responder” a cualquier represalia derivada del ataque del jueves pasado.