Merkel ganó otra vez, pero en Alemania resucitó el fantasma de la ultraderecha

La Canciller logró su tercera reelección y su cuarto período en el poder. Alternativa para Alemania se convirtió en la tercera fuerza.

En una jornada negra para los partidos tradicionales, la canciller Angela Merkel ganó las elecciones legislativas de ayer en Alemania, marcadas por el fuerte ascenso de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que irrumpió en el Parlamento federal convertida en la tercera fuerza política del país.

A su vez, el hasta ahora socio minoritario del Gobierno de Merkel, el Partido Socialdemócrata (SPD) capitaneado por Martin Schulz, sufrió el peor resultado electoral de su historia, con sólo un 20,6 por ciento de los votos, según las últimas proyecciones al cierre de esta edición.

Pese a haber logrado su cuarto mandato consecutivo, la victoria tiene un sabor amargo para la mandataria, que ha visto cómo el electorado la castigó por su gestión de la crisis de los refugiados en 2015, cuando entraron al país de forma descontrolada casi 900 mil solicitantes de asilo.

Además, Merkel sufrió con la Unión Cristianodemócrata (CDU) su peor resultado personal desde que se convirtió en canciller en 2005 y el más bajo en casi 70 años, al obtener sólo entre un 32,8 y un 33 por ciento de los votos.“Hemos logrado nuestro objetivo. Somos la primera fuerza política y tenemos el cometido de formar gobierno. Ningún partido puede gobernar contra nosotros”, afirmó Merkel con semblante serio a pesar de los vítores de “Angie, Angie” de sus seguidores en la sede del partido en Berlín, consciente de que los conservadores no habían sufrido un castigo tan fuerte en las urnas desde 1949.

Efectos secundarios

Las consecuencias políticas de los comicios aún son imprevisibles. Sin embargo, una cosa es segura: Merkel tendrá que lidiar a partir de ahora con un complicado escenario parlamentario, en el que habrá unos 90 diputados de la AfD, un partido populista antiinmigración, antiislamista y antieuropeísta. “Que se vayan preparando para la que les espera”, advirtió el candidato de AfD, Alexander Gauland, en toda una declaración de intenciones después de que su partido obtuviese entre un 12,8 y un 13,2 por ciento de los votos y entrase por primera vez en el Parlamento tras su creación en 2013. “Vamos a recuperar nuestro país y a nuestra gente”, añadió.

Con el Parlamento más fragmentado de la historia de Alemania desde que en 1953 se introdujera la cláusula del cinco por ciento de votos exigidos para contar con representación parlamentaria y el mayor de la historia del país con más de 700 diputados previsiblemente, Merkel tendrá que esforzarse para lograr formar un Gobierno de coalición.

Sin embargo, para ello no podrá contar con los socialdemócratas, ya que el SPD anunció su intención de volver a la oposición y no reeditar la gran coalición con los conservadores.

No obstante, Merkel descartó establecer un gobierno en minoría, por la inestabilidad que eso conlleva: “No lo veo. Tengo la intención de conseguir un gobierno estable en Alemania. Alemania tiene un montón de tareas futuras por resolver”.

El factor inmigrante

Poco después de aceptar su derrota, el socialdemócrata Schulz emprendió el camino del ataque contra Merkel, a quien responsabilizó del auge de la ultraderecha en un país que se pensaba inmunizado contra partidos más a la derecha de los conservadores gracias a su pasado histórico y su pujante economía. “Esto es un punto de inflexión y ningún demócrata puede pasar esto por alto”, declaró Schulz. “Está claro que la decisión de dar la bienvenida a los refugiados ha dividido a nuestra sociedad. Lo que es un gran acto de humanidad para unos, para otros es una amenaza”, afirmó.

Según la televisión pública alemana, un millón de antiguos votantes de los conservadores se decantaron esta vez por los ultraderechistas, al igual que 1,2 millones de abstencionistas que en esta ocasión decidieron acudir a las urnas para votar por la AfD.

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