Myanmar y Bangladesh, otro peregrinaje con riesgos para Francisco

El Papa estará hasta el sábado en dos países marcados por la crisis y el éxodo rohingya. Jorge Bergoglio visita primero suelo birmano, de mayoría budista y acusado de limpieza étnica.

El papa Francisco tiene fama de que le gusta hacer viajes complicados y fuera de lo común, pero la visita del Pontífice a Myanmar y a Bangladesh es un auténtico quebradero de cabeza para el Vaticano, tanto logístico como político.

“Más que un viaje es una aventura”, dijo el portavoz del papa argentino, Greg Burke.

La crisis de la perseguida minoría musulmana rohingya pesa de manera evidente en esta visita, que dio comienzo formal ayer, con el inicio del viaje a Myanmar, y concluirá el sábado en Bangladesh.

Francisco es el primer papa que viaja a Myanmar, un país de mayoría budista. “Para nosotros es un momento histórico”, dice el único cardenal del país del sudeste asiático, Charles Bo. Pero este viaje a Asia está considerado como uno de los más complicados para el jefe de la Iglesia Católica. Y el momento es especialmente delicado por la crisis de los rohingya.

Aunque los dos países acordaron el jueves la repatriación de los refugiados que están en Bangladesh a Myanmar, no está claro lo qué ocurrirá si los rohingya no quieren volver al lugar del que huyeron por ser víctimas de la violencia.

Además, se habla de la repatriación de “desplazados de Rajine”, el estado birmano del que procedían los rohingya. ¿Realmente volverá Myanmar a acoger a las personas a las que niega la nacionalidad desde hace décadas como desplazados de su propio territorio nacional?

El Ejército birmano inició a finales de agosto pasado una “operación de desalojo” en el Estado de Rajine, después de que una milicia rohingya atacara puestos de las fuerzas de seguridad. Esto provocó la huida de cientos de miles de rohingya al vecino Bangladesh, de mayoría musulmana, donde casi todos viven en pésimas condiciones, en precarios campamentos.

Los refugiados rohingya cuentan que los soldados birmanos quemaron pueblos enteros, realizaron ejecuciones, asesinaron a niños y violaron a mujeres. Y las Naciones Unidas calificaron la expulsión como un “ejemplo clásico de limpieza étnica”.

El viaje del Papa ya estaba planeado antes de que estallara el conflicto. “El viaje habría tenido lugar de todas formas, pero esto, por supuesto, desvía la atención”, dice el portavoz del Vaticano.

Ahora en Bangladesh se espera que Francisco se pronuncie claramente sobre la crisis. Pero ¿cómo lo hará? ¿Seguirá el consejo de la Iglesia Católica en Myanmar de que es mejor evitar la palabra “rohingya”?

Myanmar considera a los miembros de esta minoría inmigrantes en situación ilegal y se refiere a ellos como “bengalíes”, sugiriendo que proceden de Bangladesh. De hecho, en los comunicados sobre el acuerdo de repatriación tampoco se utiliza el término “rohingya”.

“No es una palabra prohibida”, destacó, sin embargo, Burke. “Habrá que ver lo que decide hacer finalmente Francisco”, añadió el vocero.

El Papa es conocido por no tener pelos en la lengua, sobre todo cuando se trata de los derechos humanos. Por ejemplo, provocó polémica en Turquía al referirse a la masacre de armenios como un “genocidio”. Y en agosto ya denunció la persecución de sus “hermanos y hermanas rohingya”.

La reunión de Francisco con la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Yayi también será interesante. La líder birmana ha sido muy criticada internacionalmente por la crisis de los rohingyas. Se la acusa de haber concedido plena libertad de actuación al Ejército. Sin embargo, tras décadas de dictadura militar, sigue siendo popular en su país.

Pese a que la dictadura terminó hace seis años, el Ejército sigue teniendo mucho poder y controla varios ministerios de importancia. Por eso, algunos expertos consideran que sólo el jefe de las fuerzas armadas, Min Aung Hlaing, podría parar la violencia contra los rohingyas. A última hora se concertó un encuentro entre el Papa y el jefe militar.

Pero ¿qué puede conseguir la máxima figura de la Iglesia Católica en un país budista en el que los católicos son una pequeña minoría? El Papa, seguramente, no habrá de mover masas en Myanmar, y el Vaticano trata de rebajar las expectativas en el espinoso tema de los rohingyas.

La visita no debe verse ensombrecida por la crisis que alegan en Roma. Francisco, sobre todo, quería mostrar en este viaje su apoyo a los países pobres y destacar a las iglesias más pequeñas, cuenta Burke. Al fin y al cabo, desde el comienzo de su papado, Jorge Bergoglio trata de realizar viajes “a la periferia”.

“Desde mi punto de vista, sería muy malo para Myanmar que la atención se centrase sólo en el conflicto de los rohingyas, puesto que todos se deben beneficiar de la visita del Santo Padre”, dice Mariano Soe Naing, de la conferencia episcopal católica de Myanmar.

Expectativas diferentes

Pero en Bangladesh la cuestión se ve de otra forma. Aldrick Biswas, de la conferencia episcopal bengalí, considera que los católicos del país quieren que el Pontífice aborde el tema de la injusticia a la que se enfrentan los miembros de la minoría rohingya.

Las visitas del Papa tampoco son comunes en Bangladesh, donde según estadísticas del Vaticano sólo 375 mil de los cerca de 160 millones de habitantes son católicos. Hasta ahora, sólo Juan Pablo II visitó el país, que protagoniza titulares en forma casi cotidiana por accidentes en fábricas textiles o por ataques islamistas.

El campo de Kutupalong se está consolidando como el mayor campamento de refugiados del mundo, de modo que muchos se preguntan por qué Francisco no visitará ningún campo. Y es que una visita de este tipo no figura hasta el momento en el programa oficial de la gira del pontífice argentino.

Tan sólo participarán miembros de la minoría rohingya en un encuentro interreligioso que se llevará a cabo en  la capital bengalí, Daca.

Y en lo que se refiere a la pobreza, sólo está planeada una visita a un albergue de la Madre Teresa. Allí los niños de la calle le regalarán a Francisco sandalias fabricadas con materiales reciclados.

 

Llegada a Chile 

El Vaticano anunció hace días el programa oficial de la visita del Papa Francisco a Chile y Perú entre el 15 y el 22 de enero próximos, que en el caso chileno estará signado por la crisis del catolicismo de ese país, las inminentes elecciones presidenciales, la rebelión de los indios mapuches en el sur y la desconfianza hacia el pontífice argentino por sus declaraciones en favor de un diálogo con Bolivia y Perú, a quienes Chile derrotó en la nunca olvidada Guerra del Pacífico entre 1879-1883.

Los sondeos demuestran que los chilenos se muestran cordiales pero no entusiastas con la llegada de Jorge Bergoglio. Hoy, del 80% de católicos de hace tres décadas, solo el 57% en el país trasandino se declara fiel a la Iglesia de Roma. Solo una minoría declaró que proyecta asistir a los actos del Papa en su gira, en la que se espera una presencia multitudinaria de argentinos que cruzarán la cordillera desde nuestro país. Algunas estimaciones sostienen que más de un millón de fieles llegarán desde la Argentina.


 

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