Pese a los progresos, Cuba y EE.UU. no logran sellar la apertura de embajadas

Afirmaron que hubo un “significativo progreso”. Pero no tanto como para llegar a una fumata que selle la normalización de relaciones con la apertura de embajadas en sus respectivas capitales. De modo que no sólo habrá que seguir esperando, sino que ni siquiera hay una pista sobre cuándo podría anunciarse la apertura de sedes que ponga sello operativo a la normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

La cuarta ronda de diálogo entre las delegaciones diplomáticas de Washington y La Habana se clausuró ayer no sólo con la ausencia de anuncios concretos, sino con alguna que otra sutileza reveladora de que no tanto la apertura como sí el futuro “funcionamiento” de las embajadas que piensan abrirse es materia de desinteligencias.

Sin entrar en demasiados detalles, la representante cubana Josefina Vidal previno sobre la necesidad de dejar clara “la conducta de los diplomáticos”. Aclaró que se refería no sólo a la de futuros funcionarios norteamericanos en la isla como a la que La Habana espera de su gente en este país.

Roberta Jacobson, la titular de la delegación norteamericana, no se quedó atrás, y dijo que Washington no permitirá que una futura embajada en Cuba funcione de modo distinto al que lo hace cualquier otra embajada norteamericana en el mundo. La cuestión viene dando vueltas desde hace semanas. Washington reclama que sus diplomáticos tengan “absoluta libertad de movimiento en la isla”.

Vidal mostró cierto fastidio por lo que en algún momento se definió como “programas de democracia” por parte de funcionarios norteamericanos. Algo que el propio Raúl Castro citó también en su cara a cara con Barack Obama, el mes pasado, en Panamá.

Lo cierto es que las posiciones no se acercaron lo suficiente y que entre las cosas que aún no están claras parece figurar la luz verde para el desarrollo de actividades en la embajada que Washington aspira a tener en la isla.

“Soy muy optimista. Hemos hecho progresos y hoy estamos más cerca que nunca de lograr ese objetivo”, dijo Jacobson, que, sin embargo, al mismo tiempo aludió a las “dificultades” de un proceso en el que hay que dar vuelta 54 años de desencuentros. “Queda mucho por hacer”, admitió.

No sólo es una cuestión de contenido. También la forma de acometer esta tarea pendiente parece ser materia de algún matiz entre partes. Vidal dijo que será necesario seguir con las tratativas. “Nos comprometimos a seguir conversando”, dijo.

Jacobson puso un matiz sobre esa afirmación al entender que, tal vez, “no sea necesario” que las delegaciones vuelvan a reunirse para acordar la apertura de embajadas.

“Eso es algo que podrían discutir quienes integran las oficinas de intereses”, dijo, en alusión a las sedes con que ambos países tratan ahora las cuestiones de vinculación y consulares que puedan generarse en su nivel de relación.

También quedó claro que La Habana espera la pronta salida de su país de la llamada “lista negra” sobre países que apoyan el terrorismo elaborada por el gobierno norteamericano. Junto con eso, la otra expectativa que dejó de manifiesto Vidal fue la del levantamiento del embargo económico, financiero y comercial que Estados Unidos aplica sobre la isla desde 1960, como represalia por la expropiación de bienes y empresas norteamericanas por la “revolución castrista”.

Para ambas cosas, Washington tropieza con dificultades internas. La salida de la lista negra no podrá operar, sino hasta el mes próximo, mientras que el levantamiento del bloqueo depende del Congreso, dominado en este momento por el Partido Republicano.

Precisamente esta semana el Capitolio puso la lupa sobre la intención de la Casa Blanca de normalizar el vínculo con Cuba. “Es obvio que la democracia no florece en la isla”, admitió el asesor especial del Departamento de Estado, Thomas Shannon. “En eso está parte del esfuerzo del presidente [Obama] de buscar un nuevo abordaje de la cuestión para ayudar a que los cubanos logren su propia apertura política”, añadió..

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