chofer mujer

Pese a un fallo judicial, menos del 4% de los choferes de colectivo son mujeres

Las subcontratistas del sistema de transporte público están lejos de cumplir con la orden de la Justicia de tener como mínimo el 30% de conductoras en sus plantillas.

A dos años y tres meses del fallo de la Corte de Justicia de Salta que obliga a las subcontratistas de Saeta a tener como mínimo el 30% de choferes mujeres en sus plantas, esa resolución judicial está lejos de cumplirse.

De un total de 2.160 profesionales del volante que trabajan en las nueve empresas del sistema de transporte público metropolitano, 78 son conductoras: el 3,6%, según se pudo calcular mediante los registros oficiales actualizados a los que accedió El Tribuno.

Si bien la sentencia de la Corte ordena que las transportistas cumplan de manera gradual con la ampliación de sus planteles femeninos, a medida que tengan vacantes, se observa resistencia en la mayoría de las firmas (y complicidad de Saeta y la Autoridad Metropolitana de Transporte) en acatar esa disposición.

Desde febrero del año pasado hasta la fecha se sumaron 690 choferes a las líneas de colectivos, pero solo 40 fueron mujeres.

El hecho de que en los últimos 18 meses el 94% de las incorporaciones fueron de varones viola uno de los puntos esenciales del fallo de la Corte salteña, que establece que se deberían tomar a dos mujeres por cada hombre hasta llegar al mínimo del 30% de las plantillas.

La excepción a esa regla es la falta de postulantes femeninas, algo que no ocurre al corroborar las inscripciones de aspirantes en Saeta.

La obligatoriedad que tienen las empresas para contratar a conductoras, desde mayo de 2015, surgió gracias a la lucha de Mirtha Sisnero, quien tras ser rechazada como colectivera presentó, en 2008, un recurso de amparo colectivo por discriminación de género en conjunto con la Fundación Entre Mujeres.

Un año después, el juez Mario D’Jallad hizo lugar a la acción judicial y ordenó que las empresas contrataran a mujeres hasta completar, al menos, el 30% de sus planteles.

Las transportistas apelaron la decisión y, en 2010, la Corte de Justicia de Salta les dio la razón al considerar que no estaba probado que los empresarios discriminaron a Mirtha y que no se podía obligar a las líneas a emplear a mujeres.

Ante ese fallo, Mirtha llevó la causa a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que el 21 de mayo de 2014 pidió al tribunal salteño que revea su resolución al ponderar que con solo cotejar que los colectivos no tuvieran conductoras era una muestra clara de que había desigualdad de género.

Los jueces locales, finalmente, cambiaron sus posturas, aunque Sisnero nunca fue contratada como chofer de colectivo.

Pasión por el oficio

Hay dos palabras que las choferes del corredor 8, Cintia Ortega, Yanina Galván y Cecilia Morales repitieron al ser consultadas por este diario sobre si les gustaba ser conductoras de colectivo: “me encanta”, dijeron cada una de ellas.

Cintia, de 32 años de edad, contó que su vocación por el oficio comenzó a los 13 años y fue inculcado por su padre, “Pocho”, quien es colectivero privado en el norte de la provincia.

“Este oficio lo llevo en la sangre, me apasiona”, afirmó.

Yanina, de 26 años, relató que antes de postularse en Saeta conducía un remís en la zona este de la ciudad.

“Disfruto el trabajo porque me gusta manejar”, sostuvo, a pesar de algunos sinsabores que le tocó pasar, como el intento de agresión física por parte de un taxista mientras conducía su unidad por calle Pellegrini.

De igual modo, Cecilia, de 33 años, dijo que haber sido contratada como chofer “es un sueño hecho realidad”.

“Es un anhelo que tenía desde muy chica y ver en las noticias a Mirtha Sisnero fue una inspiración para que me postule como chofer”, dijo la profesional del volante.

Tregua luego de una larga lucha 

A pesar de ser la bandera de las mujeres que buscan igualdad de condiciones en las ofertas de trabajo, Mirtha Sisnero recién consiguió empleo hace unas semanas.

La salteña, quien impulsó desde 2008 el fallo judicial que obliga a las empresas de colectivo a no discriminar por género a la hora de emplear choferes, fue contratada por una transportista, pero no como conductora sino de ayudante general.

En su función debe controlar en las puntas de línea que las unidades del transporte público estén en condiciones de circular y cumplan con las frecuencias, entre otras tareas.

Sisnero sacó su carné para conducir un transporte de pasajeros en 2007 y nunca pudo pasar las pruebas para ingresar en las plantillas de conductores profesionales.
En diálogo con El Tribuno, a principios de este mes, la mujer, de más de 40 años, se manifestó satisfecha de tener un empleo, aunque no sea al frente de un colectivo.
La insistencia y larga lucha de Sisnero por los derechos de las mujeres fue noticia en los principales medios periodísticos del país.