Polución en América Latina implica un riesgo agravado para la salud

Uno de los mayores retos a nivel de planificación urbana es diseñar estrategias para combatir la polución generada por el parque vehicular.

La mala calidad del aire en las metrópolis de América Latina, acentuada por la expansión de estas ciudades, tiene el potencial para provocar serios problemas de salud como infartos cerebrales y bronquitis, de allí la necesidad de diseñar estrategias que permitan controlar las planificaciones urbanas que favorecen las emisiones contaminantes.

Sergio Sánchez, director ejecutivo del Clean Air Institute, explicó a Efe que aunque “hay logros en algunas ciudades”, datos de la Organización Mundial de la Salud confirman que en el año 2016 más de 150 millones de personas en América Latina vivian en áreas que exceden los límites permitidos de contaminación ambiental.

La contaminación del aire es responsable del 36 % de las muertes por cáncer pulmonar, un 34 % de los fallecimientos por infartos y un 27 % de las enfermedades cardiacas, de acuerdo con datos de la OMS. Además las consecuencias asociadas con la polución pueden ir desde infartos cerebrales, paros cardiacos y asma hasta el envejecimiento prematuro de los pulmones en niños, bronquitis o inclusive padecimientos neurológicos.

Las ciudades continúan creciendo a velocidades desmesuradas y el parque vehicular aumenta debido a las largas distancias que se deben recorrer a causa de la actividad económica, una realidad que se puede evidenciar en el hecho de que “la población que habita a lo largo de corredores altamente transitados por vehículos muestra una correlación con el incremento de padecimientos como párkinson y alzheimer”, tal y como afirmó Sánchez.

Esto, según explica el experto, “supone un mayor consumo de combustibles y una mayor generación de contaminantes”, que no se ve detenida aunque los vehículos de ahora sean más limpios que los de hace veinte años.

Un asunto de planificación

Todo esto confirma que para analizar el origen de contaminación atmosférica, hay que pensar en la organización urbana. La expansión de las metrópolis de Latinoamérica, comenta Sánchez, es deudora de “patrones de desarrollo que se implantaron en ciudades de Estados Unidos”, y que obligan a descentralizar la ciudad con diferentes áreas que comunican a los ciudadanos a pesar de las grandes distancias existentes entre unas y otras.

Por un lado, existen las zonas residenciales, por otro, las zonas productivas o comerciales, y así hasta completar kilométricas extensiones. Este crecimiento requiere que los enfoques de planificación se modernicen, unidos a “acciones de fondo, de tipo estructural que vayan a la raíz de los problemas”.

Entre las posibles soluciones, Sánchez destacó un conjunto de acciones que permitan desincentivar el uso de vehículos motorizados, para que o no se realice el viaje, o se usen otros modos de transporte más limpios.

El teletrabajo es una de las opciones estrella entre este tipo de medidas, para que las habituales reuniones presenciales que se dan en muchas oficinas puedan llegar a ser sesiones de trabajo virtual.

En paralelo, debe incorporarse una expansión adecuada del transporte público, “ya que la proporción de viajes que satisfacen es marginal comparado con el total de viajes que se hacen en la ciudad”, e incentivar el no motorizado, como la bicicleta, con el desarrollo de una infraestructura adecuada.

Los impuestos por congestión vehicular, que ya se aplican en ciudades europeas como Londres y Estocolmo, pueden servir también como un referente, afirma el experto.

Otra de las particularidades de América Latina es que, de acuerdo con Sánchez, no todas las ciudades miden la contaminación del aire, por “limitaciones regulatorias, falta de recursos o incluso por desentendimiento de las políticas públicas”.

Destacó que las ciudades latinoamericanas con mayor concentración de partículas contaminantes según datos del Clean Air Institute son: Lima, Bogotá y la zona metropolitana de Monterrey, en México.


 

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