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Qatar 2022, el Mundial de los problemas sin fin

La crisis política en el Golfo Pérsico pone nuevamente en cuestión la sede en el emirato.

Faltan cinco años y medio aún para Qatar 2022, pero a esta altura ya hay algo clarísimo: es probable que el Mundial se juegue allí, pero hasta llegar a él habrá un camino pleno de sacudidas y crisis. Y esta vez no es por sobornos presuntos o presión europea.

Una presentación del Mundial 2022 en febrero de 2015: Hassan al-Thawadi, líder de la candidatura de Qatar, y Jerome Valcke, por entonces secretario general de la FIFA
Una presentación del Mundial 2022 en febrero de 2015: Hassan al-Thawadi, líder de la candidatura de Qatar, y Jerome Valcke, por entonces secretario general de la FIFA.

La noticia de que Arabia Saudita, Egipto, Yemen, Bahrein y Emiratos Árabes Unidos rompieron relaciones diplomáticas con el gobierno de Doha es sólo el titular. Si se entra en detalles, la medida incluye el corte del único acceso por tierra al país y el bloqueo del espacio aéreo por parte de todos sus vecinos, que acusan al estado qatarí de proteger a organizaciones terroristas, entre ellas Estado Islámico (EI).

Polvoriento milagro en medio del desierto, uno de los emblemas del país es Qatar Airways, durante buen tiempo patrocinador de Barcelona… y ahora de la FIFA. Ese vínculo económico es la principal garantía de Qatar como sede del Mundial, aunque los medios anglosajones se apresuraron ya a decir que el torneo peligra. En parte porque nunca gozó de simpatías en los grandes países europeos, en especial en el Reino Unido y Alemania. Y en parte porque algo de peligro hay.

“El tema está muy complicado”, dijo a la nacion un integrante del Consejo de la FIFA, el órgano decisorio en el gobierno del fútbol mundial. “Va a ser duro”. Más sincero, sin dudas, que el comunicado en el que la FIFA señaló que está “trabajando en asuntos del Mundial” con el comité organizador de Qatar.

La única que hasta ahora sacó los pies del plato es la Federación Alemana de Fútbol (DFB). Su presidente, Reinhard Grindel, dijo que un Mundial no se puede jugar “en países que apoyan activamente el terrorismo”.

La preocupación es inevitable en Qatar, un país que hace tres décadas era un intrascendente rincón sobre el Mar Arábigo y que en los últimos años se convirtió en protagonista mundial y en uno de los estados con mayor nivel de ingreso per capita del planeta. Frustrado en su candidatura olímpica, por la que difícilmente vuelva a apostar en los próximos años, Qatar tiene previsto ser sede de 39 competencias deportivas internacionales en 2017. La crisis política y su aislamiento ponen un importante interrogante sobre la joya deportiva de la región.

La alarma ante el calor extremo en verano transformó a Qatar 2022 en un Mundial invernal, pero esa crisis no fue nada en comparación con lo que viene: “La seriedad de esta crisis es mayor que cualquier otro de los enormes desafíos que superó Qatar 2022 en los últimos años”, dijo una fuente de peso en el comité organizador al diario The Guardian.