Río 2016: los encerraban en jaulas, pidieron asilo en Brasil y competirán como Refugiados

Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro todavía no comenzaron, pero los congoleses Yolande Mabika, 28, y Popole Misenga, 24 ya se merecen una medalla al esfuerzo y a la determinación por sobrevivir. Tres años atrás, estos dos judocas provenientes de Bukavu, una de las zonas más devastadas por la guerra en la República Democrática del Congo, aprovecharon un viaje a Brasil para pedir asilo aquí. Hoy, forman parte del primer equipo totalmente integrado de refugiados que, bajo la bandera blanca del Comité Olímpico Internacional (COI), competirá en los Juegos.

Desplazados por el conflicto civil, separados de sus familias y desesperados, Mabika y Misenga decidieron buscar nuevas oportunidades en Río poco después de que llegaron a la ciudad en 2013 para participar del Campeonato Mundial de Judo. En su país natal, sus entrenadores solían encerrarlos en jaulas cuando perdían una lucha, y en Río, prácticamente los abandonaron sin dinero ni comida en sus habitaciones de hotel mientras ellos iban a emborracharse.

“La situación se volvió insoportable; pasábamos mucha hambre y estábamos muy angustiados. Lloré mucho antes de tomar la decisión de no regresar al Congo. Para mí, ahora ya di vuelta la página, mi vida está acá. Pasé mucho dolor en mi país, yo tenía a mis padres y cuatro hermanos, pero me separaron de ellos por causa de la guerra; mataban a todo el mundo y ahora no sé si están vivos o dónde están”, contó Mabika a LA NACION en francés, intentando contener las lágrimas pese a los duros recuerdos.

Los primeros tiempos en Río tampoco fueron fáciles. Debieron dormir en la calle, sufrieron discriminación y les era difícil conseguir empleos. Pero gracias a la ayuda de otros inmigrantes africanos empezaron a salir adelante. Hoy ambos viven en la favela Brás de Pina, en la empobrecida Zona Norte de la ciudad; Mabika es soltera, pero Misenga se casó con una brasileña, Fabiana, y tiene un hijo, Elías, de un año y medio.

Por un contacto de la organización católica Cáritas llegaron al Instituto Reaçao, con sede en Rocinha, que enseña judo a niños de comunidades pobres. Les dieron canastas básicas para alimentarse y les pagaron el transporte para que pudieran entrenarse en el gimnasio de la universidad Estácio, en la zona de Jacarepaguá, muy cerca del Parque Olímpico de Barra de Tijuca.

“Antes de venir a Río yo no sabía casi nada de Brasil, apenas había visto imágenes del carnaval, de las playas.ahora me siento un brasileño más, tengo mi familia acá y hasta me gusta la farofa y el açaí”, destacó en un rudimentario portugués Misenga, cuyos padres murieron en la guerra y hoy no sabe dónde están sus tres hermanos, esparcidos por campos de refugiados en el Congo.

“Ahora voy a representar a todos los refugiados del mundo, llevar nuestro mensaje de que queremos paz, que no haya más familias separadas y gente obligada a dejar sus lugares de origen. Con este honor me siento ya un ganador; para mí, conseguir una medalla es lo de menos. Competir en unos Juegos Olímpicos era un sueño imposible y acá estoy”, resaltó.

Como todas las otras delegaciones internacionales, el equipo olímpico de refugiados tuvo que alcanzar requisitos deportivos y ahora estará a cargo de la corredora de maratones Tegla Loroupe, atleta olímpica de Kenia, asistida por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados. El equipo cuenta con diez miembros: Rami Anis (de Siria; en natación), Yusra Mardini (Siria; natación), Yiech Pur Biel (Sudán del Sur; atletismo, 800 mts); James Nyang Chiengjiek (Sudán del Sur, atletismo, 400 mts); Yonas Kinde (Etiopía; atletismo, maratón), Anjelina Nada Lohalith (Sudán del Sur; atletismo, 1500 mts), Rose Nathike Lokonyen (Sudán del Sur; atletismo, 800 mts), Paulo Amotun Lokoro (Sudán del Sur, atletismo, 1500 mts), además de Mabika (judo, 70 kgs) y Misenga (judo, 90 kgs).

“Cuando conocí a Yolande y a Popole inmediatamente vi que tenían potencial. Están acostumbrados a la lucha para sobrevivir”, destacó su entrenador, el brasileño Geraldo Bernardes, 73, quien ya comandó equipos de Brasil en los Juegos de Seúl, Barcelona, Atlanta y Sydney, donde sus judocas conquistaron seis medallas.

“El deporte de alto rendimiento es de mucho sacrificio, y Yolande y Popole vinieron de un lugar por el que pasaron muchas penurias. Tienen una mirada muy singular. Y cuando empezamos a entrenar me costó enseñarles la diferencia entre el entrenamiento y una lucha de competición. Estaban con la mentalidad de no perder y fui trabajando con ese coraje y ansias de superación para volverlos atletas olímpicos”, explicó.

Ahora que tienen la oportunidad de competir frente a los ojos del mundo, Mabika y Misenga quieren ayudar a hacer historia para los refugiados y para ellos mismos. “Estoy esperando ganar una medalla para cambiar totalmente mi vida. Tengo hambre de una medalla”, aseguró Misenga durante uno de sus recientes entrenamientos.

Fuente: La Nación

 

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