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Tímido “brote verde” en la industria editorial

Mejoró el primer trimestre tras un 2016 recesivo, pero subsisten las quejas por el peso del IVA.

El año pasado fue decididamente malo para la industria editorial, que experimentó una caída de la producción del 15% -tanto de títulos como de ejemplares totales-, y del 12% en las ventas (en el mercado privado) de las editoriales comerciales. Pero si se incluye la caída de las ventas al sector público (en 2016 no hubo compras de literatura infantil para aulas y bibliotecas), la caída total de ventas de libros ascendió al 25% en ejemplares por el importante peso que esas ventas públicas significaban (pasaron del 14% al 1% de las ventas totales).

Por eso los datos del primer trimestre de 2017 son una bocanada de esperanza: el mercado de libros mantuvo el volumen de un año atrás gracias a la recuperación de marzo, de un 8%. A su vez, el Ministerio de Educación adquirió libros de texto para la temporada escolar 2017, aunque en menores niveles que en la última compra de 2015. En cuanto al comercio exterior, las importaciones mantuvieron la tendencia creciente, alcanzando los u$s20,5 millones. “Gran parte de este crecimiento se explica por el ingreso de coleccionables, fascículos, y libros de idiomas extranjeros”, aclara la CAP. Las exportaciones de libros también crecieron, luego de tres años de caídas continuas.

Los datos de la Cámara Argentina de Publicaciones difundidas en su Libro Blanco dan cuenta de que el sector no escapó al contexto recesivo del año pasado. Claro que este panorama se agudizó tras el levantamiento de las restricciones a las importaciones de libros, que rigieron entre 2010 y 2015, lo que se reflejó en un fuerte aumento de las compras externas, aunque no llegaron todavía a recuperar los niveles de 2011. “Es importante destacar que el impulso mayor de este aumento está dado por las importaciones industriales, en particular de libros con ISBN extranjero (aumentaron casi 9 veces). Estas corresponden a ediciones internacionales, en muchos casos de libros de manuales y textos para la enseñanza de idiomas”, explica la CAP. Las importaciones industriales de libros de ISBN argentino han aumentado también, aunque en menor medida, un 36%: la razón principal de las mayores importaciones industriales está dada por los altos costos argentinos (llegan a ser el doble de los que se pueden obtener en otros países impresores de la región). Las importaciones comerciales, es decir las que vienen en menores cantidades para ser distribuidas en el país, sólo aumentaron un 13%.

Así como los movimientos de importaciones de libros se producen al ritmo de las oportunidades o dificultades del momento -son fenómenos coyunturales- no sucede lo mismo con las exportaciones de libros. “Desarrollar los mercados externos del libro argentino es una tarea de mediano y largo plazo, y las dificultades que el sector tiene hoy datan de hace muchos años y tienen causas tanto endógenas como exógenas”, sostiene la entidad. Pero al depurar los datos surge que las exportaciones de libros son realmente bajas respecto del potencial de ventas del libro argentino en el exterior, ya que en su mayoría no están destinadas a los principales mercados del libro en castellano, como México y España, o están representadas por exportadores ajenos al mercado comercial del libro, como editores religiosos o productos que no son libros”.

“Esta dificultad estructural en el desarrollo de los mercados externos tiene relación con causas endógenas, como los altos costos del libro argentino (cuya razón principal es el peso del IVA en toda la cadena de costos de producción y de comercialización) y factores exógenos, como la competencia cada vez más fuerte de los grandes grupos editoriales globales. Estos pocos pero grandes jugadores están generando mercados concentrados no solamente en todos los países de habla castellana, sino en toda la industria a nivel mundial”, explica la CAP.