Victorioso, Cameron estrenó gobierno con un desafío a Europa

Sin respiro después de confirmar un monumental batacazo en las elecciones generales, el conservador David Cameron estrenó ayer su gobierno de mayoría absoluta con la promesa solemne de organizar un referéndum para que Gran Bretaña decida si sigue o no dentro de la Unión Europea.

Se propone antes negociar con los países socios un estatus especial que le otorgue a Gran Bretaña facultades de veto sobre la legislación comunitaria y le permita restringir la libre circulación en las fronteras.

Cameron se aseguró 331 asientos en la Cámara de los Comunes, un logro impensable según las encuestas previas, y pudo reacomodarse en el poder sin necesidad de aliarse otra vez con los liberales demócratas.

Decidió aprovechar el golpe de efecto para impulsar la agenda más ambiciosa de su programa de campaña: desde el desafío a la UE hasta la promesa de una amplia cesión de autonomía al gobierno regional de Escocia.

Justamente los independentistas del Partido Nacional Escocés (SNP, por sus siglas en inglés), que sueñan con separarse del Reino Unido, fueron el único partido opositor que celebró en las elecciones: ganaron 56 de las 59 bancas en juego en la región. “Vengo a proponer un gobierno de una sola nación, una sola Gran Bretaña, cada vez más grande”, dijo el primer ministro en la puerta de Downing Street 10, pasado el mediodía.

Venía de reunirse con Isabel II en el Palacio de Buckingham, donde le comunicó su disposición a formar un “gobierno de mayoría” para los próximos cinco años. Tan sorpresivo fue el desenlace electoral que la reina tuvo que volver de urgencia desde Windsor, 40 kilómetros al Oeste, a donde había ido a recluirse en señal de neutralidad de cara a los días de tortuosas negociaciones que auguraban los gurúes de la opinión pública.

En el discurso inaugural como primer ministro reelegido, Cameron prometió hacer el referéndum sobre la UE en 2017. Su objetivo es alcanzar el acuerdo de un estatus diferenciado -hoy prohibido por los tratados- y después promover el voto por el sí a permanecer en el bloque. La Comisión Europea filtró ayer que estaría dispuesta a escuchar a Cameron, pero sin dar ningún guiño a la opción de abrir una negociación formal.

Con Escocia, el líder de los tories se comprometió a cederle poderes fiscales hasta convertirlo en “el Estado autónomo más poderoso del mundo”.

Mientras Cameron cumplía los rituales del poder, en las sedes de los grandes partidos los líderes caían como fichas de dominó. Ed Miliband, que hasta las 22 del jueves pensó que podía ser primer ministro, anunció su renuncia a la jefatura del laborismo apenas se escribió el último dato del escrutinio. “Ha sido una noche decepcionante. Es mi culpa y sólo mi culpa. Hemos regresado antes y volveremos a regresar una vez más”, dijo.

El partido queda devastado. Se quedó con 232 bancas, 26 menos que en el desastre de 2010. La marea se llevó a dos potenciales sucesores de Miliband: el economista Ed Balls y el ministro de Relaciones Exteriores en las sombras, Douglas Alexander, fallaron en revalidar sus bancas. A Alexander lo jubiló una estudiante de 20 años en su circunscripción de Escocia.

Después de Miliband, apareció el ex viceprimer ministro Nick Clegg. “Fue una noche cruel y oscura”, articuló al anunciar su renuncia a la jefatura del Partido Liberal Demócrata. Cinco años de alianza con Cameron lo condenaron a una sangría: de 57 asientos sólo retuvo ocho.

El último sacrificio lo ofreció el polémico Nigel Farage, líder de los populistas anti-UE del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP). El hombre fracasó en su intento por conseguir un escaño y quedó atado a la promesa de que se retiraría si fallaba en su “asalto a Westminster”.

UKIP logró un solo parlamentario, aunque sumó casi cuatro millones de votos. Fue la víctima principal del sistema electoral británico que premia sólo al ganador de cada una de las 650 circunscripciones en que se divide el país, pero deja vacío a todos los que quedan detrás.

Farage reclamó cambiar el sistema que provoca distorsiones absurdas: el SNP, que sólo presenta candidatos en Escocia, consiguió su bloque de 56 con menos de la mitad de los votos que acumuló UKIP en todo el Estado.

Cameron cosechó 331 bancas (cinco más que las necesarias para la mayoría) con el 36,9% de los votos. Los laboristas, con 30,4%, se quedaron con 99 asientos menos.

El resultado final se conoció a las 11 de la mañana. La ventaja tory fue incluso más amplia que la que le había otorgado la noche anterior la encuesta en boca de urna de la BBC que rompió todos los esquemas.

Después de su discurso, el primer ministro se puso a conformar su gabinete, ahora con más lugares para repartir entre los propios tras el sacrificio de los liberales demócratas. Ascendió al secretario del Tesoro y cerebro de sus políticas de austeridad, George Osborne, al nombrarlo también primer secretario de Estado, y ratificó como ministro de Exteriores al eurófobo Philip Hammond.

La última foto de un día extraordinario unió a Cameron, Miliband y Clegg para conmemorar el Día de la Victoria, a 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Pusieron juntos una ofrenda floral por los muertos en el Cenotafio de Whitehall. Tenían el rostro fúnebre que pedía la ocasión. Sólo uno de los tres tenía que hacer esfuerzos para impostarlo.

 

cameronuno

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